12 de agosto
Mañana
Salmos 97:1«Jehová reinó: regocíjese la tierra»No hay causas de inquietud mientras esta frase bendita sea verdadera. En la tierra, el poder del Señor domina tan prontamente la furia de los malvados como la furia del mar; su amor refresca tan fácilmente a los pobres con misericordia como a la tierra con lluvias. La majestad relumbra en destellos de fuego en medio de los horrores de la tempestad, y la gloria del Señor se ve en su grandeza en la caída de los imperios y en el estrépito de los tronos. En todos nuestros conflictos y tribulaciones, podemos contemplar la mano del Rey divino.
Dios es Dios; él ve y oye todas nuestras angustias, todas nuestras lágrimas. Alma, no olvides, en medio de tus dolores: Dios sobre todo reina para siempre.
En el infierno, los espíritus malos reconocen, con miseria, su supremacía indudable. Cuando se les permite vagar por fuera, es con una cadena en el talón; el freno está en la boca de behemot, y el garfio en las quijadas de leviatán. Los dardos de la muerte están bajo la llave del Señor, y las prisiones del sepulcro tienen por carcelero al poder divino. La venganza terrible del Juez de toda la tierra hace que los demonios se acobarden y tiemblen, así como los perros en la perrera temen el látigo del cazador.
No temas la muerte, ni las acometidas de Satanás; Dios defiende a quien en él confía. Alma, recuerda, en tus dolores: Dios sobre todo reina para siempre.
En el cielo nadie duda de la soberanía del Rey Eterno, sino que todos caen sobre sus rostros para rendirle homenaje. Los ángeles son sus cortesanos, los redimidos sus favoritos, y todos se deleitan en servirle día y noche. ¡Ojalá lleguemos pronto a la ciudad del gran Rey!
Por esta larga noche de tristeza de la vida él nos dará paz y alegría. Alma, recuerda, en tus dolores: Dios sobre todo reina para siempre.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Génesis 9:14«se dejará ver entonces mi arco en las nubes»El arco iris, símbolo del pacto con Noé, es tipo de nuestro Señor Jesús, quien es el testigo del Señor para el pueblo. ¿Cuándo podemos esperar ver la señal del pacto? El arco iris solo ha de verse pintado sobre una nube. Cuando la conciencia del pecador está oscura de nubes, cuando recuerda su pecado pasado, y se duele y se lamenta delante de Dios, Jesucristo se le revela como el Arco del pacto, desplegando todos los matices gloriosos del carácter divino y anunciando paz. Para el creyente, cuando sus pruebas y sus tentaciones lo cercan, es dulce contemplar la persona de nuestro Señor Jesucristo: verlo sangrando, viviendo, resucitando y abogando por nosotros. El arco iris de Dios está tendido sobre la nube de nuestros pecados, de nuestras tristezas y de nuestros males, para profetizar liberación. Tampoco una nube sola da un arco iris: han de estar las gotas cristalinas para reflejar la luz del sol. Así, nuestras tristezas no solo han de amenazar, sino que han de caer realmente sobre nosotros. No habría habido Cristo para nosotros si la venganza de Dios hubiera sido meramente una nube amenazante: el castigo ha de caer en gotas terribles sobre el Fiador. Hasta que no hay una angustia real en la conciencia del pecador, no hay Cristo para él; hasta que el castigo que siente se vuelve gravoso, no puede ver a Jesús. Pero también ha de haber un sol; porque nubes y gotas de lluvia no hacen arco iris a menos que el sol brille. Amados, nuestro Dios, que es como el sol para nosotros, brilla siempre, pero no siempre lo vemos: las nubes esconden su rostro; mas no importa qué gotas estén cayendo, ni qué nubes estén amenazando, si él tan solo brilla, al instante habrá un arco iris. Se dice que, cuando vemos el arco iris, el aguacero ha pasado. Lo cierto es que, cuando Cristo viene, nuestras tribulaciones se retiran; cuando contemplamos a Jesús, nuestros pecados se desvanecen, y nuestras dudas y nuestros temores se aquietan. Cuando Jesús anda sobre las aguas del mar, ¡cuán profunda es la calma!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde