11 de agosto
Mañana
Job 29:2«¡Quién me tornase como en los meses pasados»Numerosos cristianos pueden ver el pasado con placer, pero consideran el presente con insatisfacción; vuelven los ojos a los días que han pasado en comunión con el Señor, teniéndolos por los más dulces y los mejores que jamás han conocido, pero en cuanto al presente, está vestido de un ropaje negro de lobreguez y desolación. En otro tiempo vivían cerca de Jesús, pero ahora sienten que se han extraviado de él, y dicen: «¡Quién me tornase como en los meses pasados!». Se quejan de que han perdido sus evidencias, o de que no tienen paz de ánimo en el presente, o de que no tienen gozo en los medios de gracia, o de que la conciencia no está tan tierna, o de que no tienen tanto celo por la gloria de Dios. Las causas de este estado lamentable de cosas son múltiples. Puede surgir de un descuido comparativo de la oración, porque un aposento descuidado es el principio de toda decadencia espiritual. O puede ser el resultado de la idolatría. El corazón ha estado ocupado con alguna otra cosa, más que con Dios; los afectos se han puesto en las cosas de la tierra, en lugar de las cosas del cielo. Un Dios celoso no se contentará con un corazón dividido; ha de ser amado primero y mejor. Retirará el sol de su presencia de un corazón frío y errante. O la causa puede hallarse en la confianza en sí mismo y en la justicia propia. El orgullo anda ocupado en el corazón, y el yo está exaltado en vez de yacer postrado al pie de la cruz. Cristiano, si ahora no eres como eras «en los meses pasados», no te des por satisfecho con desear el regreso de la felicidad anterior, sino ve de una vez a buscar a tu Maestro, y dile tu triste estado. Pide su gracia y su fuerza para que te ayuden a andar más de cerca con él; humíllate delante de él, y él te levantará, y te dará a gozar aún otra vez la luz de su rostro. No te sientes a suspirar y a lamentarte; mientras vive el Médico amado hay esperanza; más aún, hay certeza de recuperación para los peores casos.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
2 Tesalonicenses 2:16«consolación eterna»«Consolación». Hay música en la palabra: como el arpa de David, ahuyenta el espíritu malo de la melancolía. Fue un honor distinguido para Bernabé ser llamado «Hijo de consolación» (Hechos 4:36); es más, es uno de los nombres ilustres de uno mayor que Bernabé, porque el Señor Jesús es «la consolación de Israel» (Lucas 2:25). «Consolación eterna»: aquí está la nata de todo, porque la eternidad del consuelo es la corona y la gloria de ella. ¿Qué es esta «consolación eterna»? Incluye un sentido de pecado perdonado. Un hombre cristiano ha recibido en su corazón el testimonio del Espíritu de que sus iniquidades son quitadas como una nube, y sus transgresiones como una nube espesa. Si el pecado es perdonado, ¿no es eso «consolación eterna»? Luego, el Señor da a su pueblo un sentido permanente de aceptación en Cristo. El cristiano sabe que Dios lo mira como quien está en pie en unión con Jesús. La unión con el Señor resucitado es una consolación del orden más duradero; es, de hecho, eterna. Aunque la enfermedad nos postre, ¿no hemos visto a cientos de creyentes tan felices en la debilidad de la enfermedad como lo habrían sido en la fuerza de una salud robusta y floreciente? Aunque las flechas de la muerte nos traspasen hasta el corazón, nuestro consuelo no muere, porque ¿no han oído nuestros oídos muy a menudo los cánticos de los santos, al regocijarse porque el amor vivo de Dios era derramado en sus corazones en los momentos de morir? Sí, un sentido de aceptación en el Amado es «consolación eterna». Además, el cristiano tiene una convicción de su seguridad. Dios ha prometido salvar a los que confían en Cristo: el cristiano sí confía en Cristo, y cree que Dios será tan bueno como su palabra, y que lo salvará. Siente que está seguro en virtud de estar atado juntamente con la persona y la obra de Jesús.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde