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3 de agosto

Mañana

Apocalipsis 21:23«el Cordero [era] su lumbrera»

Contempla en quietud al Cordero como la luz del cielo. La luz, en la Escritura, es el emblema del gozo. El gozo de los santos en el cielo está comprendido en esto: Jesús nos escogió, nos amó, nos compró, nos limpió, nos revistió, nos guardó, nos glorificó: estamos aquí enteramente por el Señor Jesús. Cada uno de estos pensamientos será para ellos como un racimo de las uvas de Escol. La luz es también la causa de la hermosura. Nada de hermosura queda cuando la luz se va. Sin luz ningún resplandor destella del zafiro, ningún rayo apacible procede de la perla; y así toda la hermosura de los santos de arriba viene de Jesús. Como planetas, reflejan la luz del Sol de Justicia; viven como rayos que proceden del orbe central. Si él se retirara, ellos tendrían que morir; si su gloria se velara, la gloria de ellos tendría que expirar. La luz es también el emblema del conocimiento. En el cielo nuestro conocimiento será perfecto, pero el Señor Jesús mismo será la fuente de él. Las providencias oscuras, nunca entendidas antes, se verán entonces con claridad, y todo lo que ahora nos desconcierta se nos hará llano a la luz del Cordero. ¡Oh, qué despliegues habrá, y qué glorificación del Dios de amor! La luz significa también manifestación. La luz manifiesta. En este mundo aún no aparece lo que hemos de ser. El pueblo de Dios es un pueblo escondido, pero cuando Cristo reciba a su pueblo en el cielo, los tocará con la vara de su propio amor, y los cambiará a la imagen de su gloria manifestada. Eran pobres y miserables, ¡pero qué transformación! Estaban manchados de pecado, pero un toque de su dedo, y son brillantes como el sol, y claros como el cristal. ¡Oh, qué manifestación! Todo esto procede del Cordero exaltado. Cuanto haya de esplendor refulgente, Jesús será el centro y el alma de todo ello. ¡Oh, estar presente y verlo en su propia luz, el Rey de reyes y Señor de señores!

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Lucas 8:42«Y yendo»

Jesús va pasando entre el gentío hacia la casa de Jairo, para levantar a la hija muerta del principal; pero es tan pródigo en bondad que hace otro milagro mientras va de camino. Mientras esta vara de Aarón lleva todavía la flor de un prodigio no cumplido, rinde las almendras maduras de una obra perfecta de misericordia. Ya es bastante para nosotros, si tenemos un solo propósito, ir enseguida y cumplirlo; sería imprudente gastar nuestras energías por el camino. Cuando nos apresuramos a rescatar a un amigo que se ahoga, no podemos permitirnos agotar nuestras fuerzas en otro que está en peligro semejante. Ya es bastante para un árbol dar una sola clase de fruto, y para un hombre cumplir su llamamiento peculiar. Pero nuestro Maestro no conoce límite de poder ni frontera de misión. Es tan fecundo en gracia que, como el sol que alumbra mientras rueda adelante en su órbita, su senda está radiante de benignidad. Es una flecha veloz de amor, que no solo alcanza su blanco ordenado, sino que perfuma el aire por el cual vuela. Virtud sale sin cesar de Jesús, como los dulces aromas se exhalan de las flores; y siempre seguirá emanando de él, como el agua de una fuente que centellea. ¡Qué delicioso aliento nos da esta verdad! Si nuestro Señor está tan dispuesto a sanar a los enfermos y a bendecir a los necesitados, entonces, alma mía, no seas tú lenta en ponerte en su camino, para que él te sonría. No seas remisa en pedir, si él es tan abundante en dar. Presta atención seria a su palabra ahora, y en todo tiempo, para que Jesús hable por medio de ella a tu corazón. Donde él haya de ser hallado, haz allí tu recurso, para que obtengas su bendición. Cuando él está presente para sanar, ¿no podrá sanarte a ti? Pero de cierto está presente aun ahora, porque siempre viene a los corazones que lo necesitan. ¿Y no lo necesitas tú? ¡Ah, él sabe cuánto! Tú, Hijo de David, vuelve tu ojo y mira la angustia que ahora está delante de ti, y sana del todo a tu suplicante.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde