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2 de agosto

Mañana

Efesios 1:11«el que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad»

Nuestra fe en la sabiduría de Dios supone y exige que él tenga un propósito establecido y un plan en la obra de la salvación. ¿Qué habría sido la creación sin su designio? ¿Hay algún pez en el mar, o alguna ave en el aire, que haya sido dejado al azar en su formación? No; en cada hueso, coyuntura y músculo, tendón, glándula y vaso sanguíneo, notas la presencia de un Dios que obra todas las cosas según el designio de la sabiduría infinita. ¿Y ha de estar Dios presente en la creación, rigiéndolo todo, y no en la gracia? ¿Ha de tener la nueva creación el genio voluble del libre albedrío para presidirla, cuando el consejo divino rige la creación antigua? ¡Mira la Providencia! ¿Quién no sabe que ni un gorrión cae a tierra sin vuestro Padre? Aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. Dios pesa en balanza los montes de nuestro dolor, y en peso los collados de nuestra tribulación. ¿Y habrá un Dios en la providencia y no en la gracia? ¿Será la cáscara ordenada por la sabiduría, y el meollo dejado al ciego azar? No; él conoce el fin desde el principio. Él ve en su lugar señalado no meramente la piedra angular que ha puesto en hermosos colores, en la sangre de su Hijo amado, sino que contempla en su posición ordenada cada una de las piedras escogidas, sacadas de la cantera de la naturaleza y pulidas por su gracia; ve el conjunto desde la esquina hasta la cornisa, desde la base hasta el techo, desde el cimiento hasta el pináculo. Tiene en su mente un conocimiento claro de cada piedra que será puesta en su espacio preparado, y de cuán vasto será el edificio, y de cuándo será sacada la piedra de remate con aclamaciones de «Gracia, gracia á ella». Al fin se verá con claridad que en cada vaso escogido de misericordia Jehová hizo como quiso con lo suyo; y que en cada parte de la obra de la gracia cumplió su propósito, y glorificó su propio nombre.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Rut 2:17«Y espigó en el campo hasta la tarde»

Que aprenda yo de Rut, la espigadora. Así como ella salió a recoger las espigas de trigo, así debo yo salir a los campos de la oración, de la meditación, de las ordenanzas y de oír la palabra, para recoger alimento espiritual. La espigadora recoge su porción espiga a espiga; sus ganancias vienen poco a poco: así he de contentarme con buscar verdades sueltas, si no las hay en mayor abundancia. Cada espiga ayuda a formar una gavilla, y cada lección del evangelio ayuda a hacernos sabios para salvación. La espigadora mantiene los ojos abiertos: si tropezara entre el rastrojo en un sueño, no tendría carga que llevar a casa con regocijo al anochecer. He de estar vigilante en los ejercicios religiosos, no sea que se me vuelvan sin provecho; temo haber perdido ya mucho. ¡Ojalá estime yo rectamente mis oportunidades, y espigue con mayor diligencia! La espigadora se agacha por todo lo que halla, y así he de hacerlo yo. Los espíritus altivos critican y objetan, pero las mentes humildes espigan y reciben beneficio. Un corazón humilde es una gran ayuda para oír con provecho el evangelio. La palabra injertada que salva el alma no se recibe sino con mansedumbre. Una espalda rígida hace mala espigadora; abajo, señor orgullo, tú eres un vil ladrón, que no ha de tolerarse ni un momento. Lo que la espigadora recoge, lo retiene: si soltara una espiga para hallar otra, el resultado del trabajo de su día sería bien escaso; es tan cuidadosa para retener como para obtener, y así al fin sus ganancias son grandes. ¡Cuántas veces olvido todo lo que oigo; la segunda verdad empuja a la primera fuera de mi cabeza, y así mi lectura y mi oír acaban en mucho ruido para nada! ¿Siento como es debido la importancia de atesorar la verdad? Un vientre hambriento hace sabia a la espigadora; si no hay trigo en su mano, no habrá pan en su mesa; trabaja bajo el sentido de la necesidad, y de ahí que su paso sea ágil y su asimiento firme; yo tengo una necesidad aún mayor. Señor, ayúdame a sentirla, para que me empuje a espigar en campos que rinden tan abundante recompensa a la diligencia.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde