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29 de julio

Mañana

Salmos 73:23«Con todo, yo siempre estuve contigo»

«Con todo»: como si, no obstante toda la insensatez y la ignorancia que David acababa de confesar a Dios, no fuera ni un átomo menos verdadero y cierto que David estaba salvo y acepto, y que la bendición de estar de continuo en la presencia de Dios era, sin duda, suya. Plenamente consciente de su propia condición perdida, y del engaño y la vileza de su naturaleza, con todo, por un glorioso arranque de fe, canta: «Con todo, yo siempre estuve contigo.» Creyente, te ves forzado a entrar en la confesión y el reconocimiento de Asaf; procura, con el mismo espíritu, decir: «Con todo, puesto que pertenezco a Cristo, siempre estoy con Dios.» Con esto se quiere decir: continuamente en su mente; él siempre está pensando en mí para mi bien. Continuamente delante de su ojo: el ojo del Señor nunca duerme, sino que vela sin cesar sobre mi bienestar. Continuamente en su mano, de modo que nadie podrá arrebatarme de allí. Continuamente sobre su corazón, llevado allí como memorial, así como el sumo sacerdote llevaba los nombres de las doce tribus sobre su corazón para siempre. Siempre piensas en mí, oh Dios. Las entrañas de tu amor anhelan de continuo hacia mí. Siempre haces que la providencia obre para mi bien. Me has puesto como un sello sobre tu brazo; tu amor es fuerte como la muerte; las muchas aguas no pueden apagarlo, ni pueden los ríos ahogarlo. ¡Gracia asombrosa! Me ves en Cristo, y aunque en mí mismo soy aborrecible, me miras vestido con las ropas de Cristo y lavado en su sangre, y así estoy acepto en tu presencia. Estoy así de continuo en tu favor: «siempre estuve contigo.» Aquí hay consuelo para el alma probada y afligida; azotada por la tempestad de dentro, mira la calma de fuera. «Con todo»: oh, dilo en tu corazón, y toma la paz que da. «Con todo, yo siempre estuve contigo.»

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Juan 6:37«Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí»

Esta declaración envuelve la doctrina de la elección: hay algunos a quienes el Padre dio a Cristo. Envuelve la doctrina del llamamiento eficaz: estos que son dados deben venir, y vendrán; por más tercamente que se opongan, serán sacados de las tinieblas a la luz admirable de Dios. Nos enseña la necesidad indispensable de la fe; porque aun los que son dados a Cristo no son salvos si no vienen a Jesús. Aun ellos han de venir, porque no hay otro camino al cielo sino por la puerta, Cristo Jesús. Todo lo que el Padre da a nuestro Redentor ha de venir a él; por tanto, nadie puede llegar al cielo si no viene a Cristo.

¡Oh, el poder y la majestad que descansan en la palabra «vendrá»! No dice que tienen poder para venir, ni que pueden venir si quieren, sino que «vendrá». El Señor Jesús, por sus mensajeros, su palabra y su Espíritu, compele dulce y graciosamente a los hombres a entrar, para que coman de su cena de bodas; y esto lo hace, no violando la libre agencia del hombre, sino por el poder de su gracia. Puedo ejercer poder sobre la voluntad de otro hombre, y sin embargo la voluntad de ese otro puede ser perfectamente libre, porque la constricción se ejerce de un modo conforme a las leyes de la mente humana. Jehová Jesús sabe cómo, por argumentos irresistibles dirigidos al entendimiento, por razones poderosas que apelan a los afectos, y por la influencia misteriosa de su Espíritu Santo, que opera sobre todas las potencias y pasiones del alma, someter de tal modo al hombre entero que, habiendo sido antes rebelde, cede gozoso a su gobierno, rendido por el amor soberano. Pero ¿cómo se conocerá a aquellos a quienes Dios ha escogido? Por este resultado: que aceptan a Cristo de buena gana y con gozo, y vienen a él con fe sencilla y no fingida, descansando en él como toda su salvación y todo su deseo. Lector, ¿has venido así a Jesús?

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde