28 de julio
Mañana
Salmos 73:22«Mas yo era ignorante, y no entendía: era como una bestia acerca de ti.»Recuerda que esta es la confesión del hombre conforme al corazón de Dios; y, al contarnos su vida interior, escribe: «Tan insensato era yo, e ignorante». [N. del T.: la Reina-Valera 1909 dice «Mas yo era ignorante, y no entendía»; aquí se vierte la expresión inglesa sobre la cual razona el autor.] La palabra «insensato», aquí, significa más de lo que significa en el lenguaje ordinario. David, en un versículo anterior del salmo, escribe: «tuve envidia de los insensatos, viendo la prosperidad de los impíos», lo cual muestra que la insensatez que tenía en mente llevaba pecado en sí. Se rebaja a sí mismo como siendo así «insensato», y añade una palabra que ha de darle intensidad: «tan insensato era yo». Cuán insensato era, no podía decirlo. Era una insensatez pecaminosa, una insensatez que no había de excusarse por la flaqueza, sino de condenarse por su perversidad y su ignorancia voluntaria, porque había tenido envidia de la prosperidad presente de los impíos, olvidado del fin espantoso que aguarda a todos los tales. ¿Somos nosotros mejores que David, para que nos llamemos sabios? ¿Profesamos haber alcanzado la perfección, o haber sido de tal modo castigados que la vara nos ha sacado toda la terquedad? ¡Ah, esto sí que sería soberbia! Si David fue insensato, ¡cuán insensatos habríamos de tenernos, si tan solo pudiéramos vernos! Mira atrás, creyente: piensa en tus dudas acerca de Dios cuando él te ha sido tan fiel; piensa en tu necio clamor de «No así, padre mío», cuando cruzó las manos en la aflicción para darte la bendición mayor; piensa en las muchas veces en que has leído sus providencias a oscuras, has malinterpretado sus dispensaciones, y has gemido: «contra mí son todas estas cosas», ¡cuando todas están obrando juntamente para tu bien! Piensa cuántas veces has escogido el pecado por su placer, cuando en verdad ese placer era para ti una raíz de amargura. Ciertamente, si conocemos nuestro propio corazón, hemos de declararnos culpables del cargo de una insensatez pecaminosa; y, conscientes de esta «insensatez», hemos de hacer nuestro el propósito consiguiente de David: «Hasme guiado según tu consejo».
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Hechos 10:38«el cual anduvo haciendo bienes»Pocas palabras, y sin embargo una miniatura exquisita del Señor Jesucristo. No hay muchos trazos, pero son los golpes del lápiz de un maestro. Del Salvador, y solo del Salvador, es esto verdad en el sentido más pleno, más amplio y más sin reserva. «Anduvo haciendo bienes». Por esta descripción se ve que hacía el bien personalmente. Los evangelistas nos dicen sin cesar que tocó al leproso con su propio dedo, que ungió los ojos de los ciegos, y que, en los casos en que se le pedía que dijera tan solo la palabra a distancia, no solía acceder, sino que iba él mismo al lecho del enfermo, y allí obraba en persona la curación. Lección para nosotros, si queremos hacer el bien: hacerlo nosotros mismos. Da limosna con tu propia mano; una mirada amable, o una palabra, aumentará el valor del don. Habla a un amigo acerca de su alma; tu ruego amoroso tendrá más influjo que toda una biblioteca de tratados. ¡El modo en que nuestro Señor hacía el bien pone de manifiesto su actividad incesante! No hacía solamente el bien que le quedaba a la mano, sino que «anduvo» en sus recados de misericordia. Por toda la tierra de Judea apenas había aldea o caserío que no se alegrara de verlo. ¡Cómo reprende esto la manera rastrera y morosa con que muchos profesantes sirven al Señor! Ciñamos los lomos de nuestro entendimiento, y no nos cansemos de hacer el bien. ¿No da a entender el texto que Jesucristo se salía de su camino para hacer el bien? «Anduvo haciendo bienes». Nunca lo detuvieron el peligro ni la dificultad. Buscaba a aquellos a quienes quería hacer el bien. Así hemos de hacer nosotros. Si los planes viejos no sirven, hemos de probar otros nuevos, porque los ensayos recientes a veces logran más que los métodos de siempre. También se insinúan la perseverancia de Cristo y la unidad de su propósito, y la aplicación práctica del asunto puede resumirse en estas palabras: «nos dejó ejemplo, para que sigamos sus pisadas».
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde