26 de julio
Mañana
2 Pedro 1:5-6«poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en vuestra fe virtud, y en la virtud ciencia»Si quieres gozar de la gracia eminente de la plena certidumbre de la fe, bajo la influencia y la ayuda del bendito Espíritu, haz lo que te dice la Escritura: «poniendo toda diligencia». Cuida que tu fe sea de la clase recta: que no sea una mera creencia de la doctrina, sino una fe sencilla, que depende de Cristo, y de Cristo solo. Atiende con diligencia a tu valor. Ruega a Dios que te dé rostro de león, para que, con conciencia de lo recto, sigas adelante con denuedo. Estudia bien las Escrituras, y adquiere conocimiento; porque el conocimiento de la doctrina tenderá mucho a confirmar la fe. Procura entender la Palabra de Dios; que habite en tu corazón abundantemente.
Cuando hayas hecho esto, «añade a tu conocimiento templanza». Cuida tu cuerpo: sé templado por fuera. Cuida tu alma: sé templado por dentro. Alcanza templanza de labio, de vida, de corazón y de pensamiento. Añade a esto, por el Espíritu Santo de Dios, paciencia; pídele que te dé esa paciencia que soporta la aflicción, la cual, puesta a prueba, ha de salir como el oro. Revístete de paciencia, para que no murmures ni te abatas en tus aflicciones. Cuando esa gracia esté ganada, mira al temor de Dios. El temor de Dios es algo más que la religión. Haz de la gloria de Dios el objeto de tu vida; vive delante de sus ojos; mora cerca de él; busca la comunión con él; y tendrás «temor de Dios»; y a eso añade amor fraternal. Ten amor a todos los santos; y añade a eso caridad, que abre los brazos a todos los hombres y ama sus almas. Cuando estés adornado con estas joyas, y justo en la medida en que practiques estas virtudes celestiales, llegarás a conocer, por la evidencia más clara, «vuestra vocación y elección». «Poniendo toda diligencia», si quieres alcanzar la certidumbre, porque la tibieza y la duda andan, con toda naturalidad, de la mano.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Salmos 113:8«Para hacerlos sentar con los príncipes»Nuestros privilegios espirituales son del orden más alto. «Entre los príncipes» es el lugar de la sociedad selecta. «Nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.» ¡Hablen de sociedad selecta: no hay ninguna como esta! «Somos linaje escogido, pueblo adquirido, real sacerdocio.» «Hemos llegado á la congregación de los primogénitos que están alistados en los cielos.» Los santos tienen audiencia de corte: los príncipes son admitidos ante la realeza cuando el pueblo común ha de quedarse lejos. El hijo de Dios tiene libre entrada a los atrios interiores del cielo. «por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.» «Lleguémonos pues confiadamente», dice el apóstol, «al trono de la gracia celestial.» Entre los príncipes hay riqueza en abundancia, pero ¿qué es la abundancia de los príncipes comparada con las riquezas de los creyentes? Porque «todo es vuestro», y «vosotros de Cristo; y Cristo de Dios.» «El que aun á su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» Los príncipes tienen un poder peculiar. Un príncipe del imperio del cielo tiene gran influencia: empuña un cetro en su propio dominio; se sienta en el trono de Jesús, pues «nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios», y «reinaremos para siempre jamás.» Reinamos sobre el reino unido del tiempo y de la eternidad. Los príncipes, además, tienen honra especial. Podemos mirar desde lo alto toda dignidad nacida de la tierra, desde la eminencia en que la gracia nos ha puesto. Porque ¿qué es la grandeza humana junto a esto: «Juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús»? Compartimos la honra de Cristo, y, comparado con esto, los esplendores terrenos no valen un pensamiento. La comunión con Jesús es una gema más rica que cuantas jamás brillaron en diadema imperial. La unión con el Señor es una corona de hermosura que eclipsa todo el fulgor de la pompa imperial.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde