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24 de julio

Mañana

Éxodo 14:13«estáos quedos, y ved la salud de Jehová»

Estas palabras contienen el mandato de Dios al creyente cuando está reducido a grandes aprietos y metido en dificultades extraordinarias. No puede retroceder; no puede avanzar; está cerrado a derecha y a izquierda; ¿qué ha de hacer ahora? La palabra del Maestro para él es: «estáos quedos». Le irá bien si en tales tiempos escucha solo la palabra de su Maestro, porque otros consejeros, y malos, vienen con sus sugestiones. La Desesperación susurra: «Acuéstate y muere; déjalo todo.» Pero Dios quiere que nos revistamos de un ánimo alegre y, aun en nuestros peores tiempos, nos gocemos en su amor y su fidelidad. La Cobardía dice: «Retírate; vuelve al modo de obrar del mundano; no puedes representar el papel del cristiano, es demasiado difícil. Renuncia a tus principios.» Pero, por mucho que Satanás te inste a este camino, no puedes seguirlo si eres hijo de Dios. Su decreto divino te ha mandado ir de fortaleza en fortaleza, y así lo harás, y ni la muerte ni el infierno te apartarán de tu carrera. ¿Y qué, si por un tiempo eres llamado a estarte quedo? Con todo, esto no es sino para renovar tu fuerza para algún avance mayor a su tiempo. La Precipitación grita: «Haz algo. Muévete; estarte quedo y esperar es pura ociosidad.» Hemos de estar haciendo algo enseguida —hemos de hacerlo, así pensamos—, en vez de mirar al Señor, que no solo hará algo, sino que lo hará todo. La Presunción se jacta: «Si el mar está delante de ti, marcha dentro de él y espera un milagro.» Pero la Fe no escucha ni a la Presunción, ni a la Desesperación, ni a la Cobardía, ni a la Precipitación, sino que oye a Dios decir: «estáos quedos», y, inmóvil como una roca, permanece. «Estáos quedos»: guarda la postura de un hombre recto, pronto para la acción, en espera de nuevas órdenes, aguardando con alegría y paciencia la voz que ha de dirigir; y no pasará mucho antes de que Dios te diga, tan claramente como Moisés se lo dijo al pueblo de Israel: «Marcha adelante».

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Joel 2:11«muchos son sus reales»

Considera, alma mía, el poderío del Señor, que es tu gloria y tu defensa. «Jehová, varón de guerra; Jehová es su nombre.» Todas las fuerzas del cielo están a su menor seña; legiones aguardan a su puerta; querubines y serafines, vigilantes y santos, principados y potestades, todos están atentos a su voluntad. Si nuestros ojos no estuvieran cegados por la oftalmía de la carne, veríamos caballos de fuego y carros de fuego en derredor de los amados del Señor. Las potencias de la naturaleza están todas sujetas al control absoluto del Creador: el viento tempestuoso y la tempestad, el relámpago y la lluvia, y la nieve, y el granizo, y los suaves rocíos y el sol que anima, vienen y van según su decreto. Él desata las ligaduras del Orión, y ata las dulces influencias de las Pléyades. La tierra, el mar y el aire, y los lugares debajo de la tierra, son los cuarteles de los grandes ejércitos de Jehová; el espacio es su terreno de acampada, la luz es su estandarte, y la llama es su espada. Cuando sale a la guerra, el hambre asola la tierra, la pestilencia hiere a las naciones, el huracán barre el mar, el tornado sacude los montes, y el terremoto hace temblar el mundo sólido. En cuanto a las criaturas animadas, todas reconocen su dominio, y desde el gran pez que tragó al profeta, hasta «toda suerte de moscas», que plagaron el campo de Zoán, todas son siervas suyas, y, como la oruga, el revoltón y el pulgón, son escuadrones de su gran ejército, porque «muchos son sus reales». Alma mía, mira bien que estés en paz con este Rey poderoso; sí, y más, asegúrate de alistarte bajo su bandera, porque guerrear contra él es locura, y servirle es gloria. Jesús, Emmanuel, Dios con nosotros, está pronto para recibir reclutas para el ejército del Señor: si aún no estoy alistado, vaya yo a él antes de dormir, y ruegue ser aceptado por sus méritos; y si ya lo estoy, como espero estarlo, soldado de la cruz, tenga yo buen ánimo; porque el enemigo es impotente comparado con mi Señor, pues «muchos son sus reales».

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde