13 de julio
Mañana
Jonás 4:9«dijo Dios á Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera?»La ira no es siempre, ni necesariamente, pecaminosa, pero tiene tal tendencia a desbocarse que, siempre que se manifiesta, debemos apresurarnos a interrogar su carácter con esta pregunta: «¿Haces tú bien en enojarte tanto?» Puede ser que podamos responder: «Sí». Muy a menudo la ira es el tizón del loco, pero a veces es el fuego de Elías, bajado del cielo. Hacemos bien cuando nos airamos contra el pecado, por el agravio que comete contra nuestro Dios bueno y lleno de gracia; o contra nosotros mismos, porque seguimos tan necios después de tanta instrucción divina; o contra otros, cuando la única causa de la ira es el mal que ellos hacen. Quien no se aira contra la transgresión se hace partícipe de ella. El pecado es cosa repugnante y aborrecible, y ningún corazón renovado puede sufrirlo con paciencia. Dios mismo está airado todos los días contra el impío, y está escrito en su Palabra: «Los que á Jehová amáis, aborreced el mal». Con mucha mayor frecuencia es de temer que nuestra ira no sea laudable, ni siquiera justificable, y entonces hemos de responder: «No». ¿Por qué habríamos de andar irritados con los niños, apasionados con los criados e iracundos con los compañeros? ¿Honra tal ira a nuestra profesión cristiana, o da gloria a Dios? ¿No es el viejo corazón malo, que busca adueñarse del dominio, y no debemos resistirlo con toda la fuerza de nuestra naturaleza recién nacida? Muchos profesantes ceden al genio como si fuera inútil intentar la resistencia; pero recuerde el creyente que ha de ser vencedor en cada punto, o de lo contrario no puede ser coronado. Si no podemos gobernar nuestro genio, ¿qué ha hecho por nosotros la gracia? Alguien le dijo a Mr. Jay que la gracia a menudo iba injertada en un tocón de manzano silvestre. «Sí —dijo él—, pero el fruto no será de manzanas silvestres.» No hemos de hacer de la flaqueza natural una excusa del pecado, sino que hemos de huir a la cruz y rogar al Señor que crucifique nuestro genio, y nos renueve en dulzura y mansedumbre conforme a su propia imagen.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Salmos 56:9«Serán luego vueltos atrás mis enemigos el día que yo clamare: en esto conozco que Dios es por mí.»Es imposible que habla humana alguna exprese el sentido pleno de esta frase deliciosa: «Dios es por mí». Él era «por nosotros» antes de que fueran hechos los mundos; era «por nosotros», o no habría entregado a su Hijo amadísimo; era «por nosotros» cuando hirió al Unigénito y descargó sobre él todo el peso de su ira: era «por nosotros», aunque estaba contra el Unigénito; era «por nosotros» cuando estábamos arruinados en la caída: nos amó a pesar de todo; era «por nosotros» cuando éramos rebeldes contra él, y con mano alzada le desafiábamos; era «por nosotros», o no nos habría traído con humildad a buscar su rostro. Ha sido «por nosotros» en muchas luchas; hemos sido llamados a enfrentarnos con huestes de peligros; hemos sido acometidos por tentaciones de fuera y de dentro: ¿cómo habríamos permanecido ilesos hasta esta hora si él no hubiera sido «por nosotros»? Él es «por nosotros», con toda la infinitud de su ser; con toda la omnipotencia de su amor; con toda la infalibilidad de su sabiduría; revestido de todos sus atributos divinos, él es «por nosotros»: eterna e inmutablemente «por nosotros»; «por nosotros» cuando aquellos cielos azules sean enrollados como un vestido gastado; «por nosotros» por toda la eternidad. Y porque él es «por nosotros», la voz de la oración asegurará siempre su ayuda. «Serán luego vueltos atrás mis enemigos el día que yo clamare». Esta no es una esperanza incierta, sino una seguridad bien fundada: «en esto conozco». Dirigiré a ti mi oración, y alzaré la mirada en espera de la respuesta, seguro de que vendrá, y de que mis enemigos serán vencidos, porque «Dios es por mí». ¡Oh creyente, cuán dichoso eres con el Rey de reyes de tu parte! ¡Cuán seguro con tal Protector! ¡Cuán cierta tu causa, defendida por tal Abogado! Si Dios es por ti, ¿quién contra ti?
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde