10 de julio
Mañana
Efesios 2:19«juntamente ciudadanos con los santos»¿Qué significa que seamos ciudadanos en el cielo? Significa que estamos bajo el gobierno del cielo. Cristo, el rey del cielo, reina en nuestros corazones; nuestra oración de cada día es: «Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.» Las proclamas que salen del trono de la gloria son recibidas por nosotros de buena gana: los decretos del Gran Rey los obedecemos con alegría. Luego, como ciudadanos de la Nueva Jerusalén, compartimos los honores del cielo. La gloria que pertenece a los santos bienaventurados nos pertenece, porque ya somos hijos de Dios, ya príncipes de la sangre imperial; ya vestimos la vestidura inmaculada de la justicia de Jesús; ya tenemos ángeles por servidores, santos por compañeros, a Cristo por Hermano, a Dios por Padre, y una corona de inmortalidad por recompensa. Compartimos los honores de la ciudadanía, porque hemos llegado a «la congregación de los primogénitos que están alistados en los cielos». Como ciudadanos, tenemos derecho común a toda la propiedad del cielo. Nuestras son sus puertas de perla y sus muros de crisólito; nuestra, la luz azul de la ciudad que no tiene necesidad de lumbre de antorcha, ni de lumbre de sol; nuestro, el río del agua de vida, y los doce frutos que crecen en los árboles plantados a sus orillas; no hay nada en el cielo que no nos pertenezca. «sea lo presente, sea los por venir»: todo es nuestro. También, como ciudadanos del cielo, gozamos de sus deleites. ¿Se gozan allá por los pecadores que se arrepienten, pródigos que han vuelto? También nosotros. ¿Cantan las glorias de la gracia triunfante? Nosotros hacemos lo mismo. ¿Echan sus coronas a los pies de Jesús? Los honores que tenemos también los echamos allí. ¿Están cautivados con su sonrisa? No es menos dulce para nosotros, que habitamos abajo. ¿Miran hacia adelante, esperando su segundo advenimiento? También nosotros miramos y anhelamos su aparición. Si, pues, somos así ciudadanos del cielo, sean nuestro andar y nuestras acciones conformes a nuestra alta dignidad.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Génesis 1:5«fué la tarde y la mañana un día.»La tarde fue «tinieblas» y la mañana fue «luz», y con todo las dos juntas reciben el nombre que se da solamente a la luz. Esto es algo notable, pero tiene una analogía exacta en la experiencia espiritual. En todo creyente hay tinieblas y luz, y sin embargo no ha de ser nombrado pecador porque haya pecado en él, sino que ha de ser nombrado santo porque posee algún grado de santidad. Este será un pensamiento en sumo grado consolador para quienes lloran sus flaquezas y preguntan: «¿Puedo ser hijo de Dios mientras hay tantas tinieblas en mí?» Sí; porque tú, como el día, no tomas tu nombre de la tarde, sino de la mañana; y se habla de ti en la palabra de Dios como si ya ahora fueras perfectamente santo, como pronto lo serás. Se te llama hijo de luz, aunque todavía hay tinieblas en ti. Recibes el nombre de aquello que es la cualidad predominante a los ojos de Dios, la cual un día será el único principio que quede. Observa que la tarde viene primero. Por naturaleza somos tinieblas primero en el orden del tiempo, y la lobreguez es a menudo lo primero en nuestra aprensión dolorida, y nos empuja a clamar en profunda humillación: «Dios, sé propicio á mí pecador.» El lugar de la mañana es el segundo; amanece cuando la gracia vence a la naturaleza. Es un aforismo bienaventurado de John Bunyan: «Lo que es último, dura para siempre.» Lo que es primero cede, a su tiempo, ante lo último; pero nada viene después de lo último. De modo que, aunque por naturaleza eres tinieblas, una vez que llegas a ser «luz en el Señor» no hay tarde que siga: «No se pondrá jamás tu sol.» El primer día en esta vida es una tarde y una mañana; pero el segundo día, cuando estemos con Dios para siempre, será un día sin tarde, sino un solo mediodía, sagrado, alto y eterno.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde