9 de julio
Mañana
Salmos 103:2«no olvides ninguno de sus beneficios.»Es ocupación deleitable y provechosa notar la mano de Dios en las vidas de los santos antiguos, y observar su bondad al librarlos, su misericordia al perdonarlos, y su fidelidad al guardar con ellos su pacto. Pero ¿no sería aún más interesante y provechoso para nosotros advertir la mano de Dios en nuestras propias vidas? ¿No debiéramos mirar nuestra propia historia como al menos tan llena de Dios, tan llena de su bondad y de su verdad, y una prueba tan clara de su fidelidad y de su veracidad como las vidas de cualquiera de los santos que nos han precedido? Hacemos injusticia a nuestro Señor cuando suponemos que obró todos sus actos poderosos y se mostró fuerte en favor de aquellos del tiempo antiguo, pero que no hace maravillas ni desnuda su brazo en favor de los santos que están ahora sobre la tierra. Repasemos nuestras propias vidas. Ciertamente en ellas podemos descubrir algunos sucesos dichosos, que nos refrescan y dan gloria a nuestro Dios. ¿No has tenido libramientos? ¿No has pasado por ríos, sostenido por la presencia divina? ¿No has caminado por entre fuegos sin sufrir daño? ¿No has tenido manifestaciones? ¿No has tenido favores escogidos? El Dios que dio a Salomón el deseo de su corazón, ¿nunca te ha escuchado y ha respondido a tus peticiones? Aquel Dios de generosidad pródiga de quien David cantó: «El que sacia de bien tu boca», ¿nunca te ha saciado de grosura? ¿Nunca se te ha hecho yacer en lugares de delicados pastos? ¿Nunca se te ha conducido junto a aguas de reposo? Ciertamente la bondad de Dios ha sido para nosotros la misma que para los santos de antaño. Tejamos, pues, sus misericordias en un cántico. Tomemos el oro puro de la gratitud y las joyas de la alabanza, y hagamos con ellas otra corona para la cabeza de Jesús. Que nuestras almas den una música tan dulce y tan regocijante como la que salía del arpa de David, mientras alabamos al Señor, cuya misericordia es para siempre.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Génesis 1:4«apartó Dios la luz de las tinieblas.»El creyente tiene dos principios que obran dentro de él. En su estado natural estaba sujeto a un solo principio, que era las tinieblas; ahora ha entrado la luz, y los dos principios discrepan. Fíjate en las palabras del apóstol Pablo en el capítulo séptimo de Romanos: «Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo [esta] ley: Que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios: Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo á la ley del pecado que está en mis miembros.» ¿Cómo se ocasiona este estado de cosas? «El Señor apartó la luz de las tinieblas.» Las tinieblas, por sí solas, están quietas y sin perturbación; pero cuando el Señor introduce la luz, hay conflicto, porque la una se opone a la otra: un conflicto que no cesará jamás hasta que el creyente sea del todo «luz en el Señor». Si hay división dentro del cristiano individual, de cierto la habrá también fuera. Tan pronto como el Señor da luz a cualquier hombre, este procede a separarse de las tinieblas que lo rodean; se aparta de una religión meramente mundana, hecha de ceremonial externo, porque ya nada que no sea el evangelio de Cristo habrá de satisfacerlo; y se retira de la sociedad mundana y de las diversiones frívolas, y busca la compañía de los santos, porque «Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte á vida, en que amamos á los hermanos.» La luz se reúne consigo misma, y las tinieblas consigo mismas. Lo que Dios apartó, no intentemos jamás unirlo; antes bien, como Cristo salió «fuera del real, llevando su vituperio», así salgamos de entre los impíos y seamos un pueblo propio. Él fue «santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores»; y, como él fue, así hemos de ser no conformistas para con el mundo, disidentes de todo pecado, y quedar distinguidos del resto de la humanidad por nuestra semejanza con nuestro Maestro.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde