26 de junio
Mañana
Isaías 14:10«¿Tú también enfermaste como nosotros, [y] como nosotros fuiste?»¿Cuál ha de ser la condenación del profesante apóstata cuando su alma desnuda comparezca ante Dios? ¿Cómo soportará aquella voz: «Apartaos, malditos; me has rechazado, y yo te rechazo; has fornicado, y te has apartado de mí: yo también te he desterrado para siempre de mi presencia, y no tendré misericordia de ti»? ¿Cuál será la vergüenza de este miserable en el último gran día, cuando, ante las multitudes reunidas, el apóstata sea desenmascarado? Mira a los profanos, y a los pecadores que nunca profesaron religión, levantándose de sus lechos de fuego para señalarlo. «Ahí está», dice uno, «¿predicará el evangelio en el infierno?». «Ahí está», dice otro, «¡me reprendió por maldecir, y él mismo era un hipócrita!». «¡Ajá!», dice otro, «aquí viene un metodista cantor de salmos, uno que siempre estaba en su reunión; es el hombre que se jactaba de estar seguro de la vida eterna; ¡y aquí está!». No se verá jamás mayor afán entre los atormentadores satánicos que en aquel día en que los demonios arrastren el alma del hipócrita a la perdición. Bunyan pinta esto con maciza pero tremenda grandeza de poesía, cuando habla del camino trasero al infierno. Siete demonios ataron al miserable con nueve cuerdas, y lo arrastraron del camino hacia el cielo, por el cual había profesado andar, y lo empujaron por la puerta trasera al infierno. ¡Cuidado con ese camino trasero al infierno, profesantes! «Examinaos á vosotros mismos si estáis en fe». Mira bien tu estado; ve si estás en Cristo o no. Es la cosa más fácil del mundo dar un veredicto indulgente cuando uno mismo ha de ser el juzgado; pero, oh, sé justo y veraz aquí. Sé justo con todos, pero sé riguroso contigo mismo. Recuerda: si no es una roca aquella sobre la cual edificas, cuando la casa caiga, grande será su caída. ¡Oh, quiera el Señor darte sinceridad, constancia y firmeza; y que en ningún día, por malo que sea, seas inducido a apartarte!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
2 Pedro 1:4«habiendo huído de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia.»Desaparezca para siempre todo pensamiento de dar gusto a la carne, si has de vivir en el poder de tu Señor resucitado. Mal estaría que un hombre vivo en Cristo habitara en la corrupción del pecado. «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?», dijo el ángel a Magdalena. ¿Ha de morar el vivo en el sepulcro? ¿Ha de quedar emparedada la vida divina en el osario de la concupiscencia carnal? ¿Cómo podemos participar de la copa del Señor y, con todo, beber la copa de Belial? Ciertamente, creyente, de las concupiscencias y los pecados manifiestos ya estás librado: ¿has escapado también de las varetas de liga, más secretas y engañosas, del cazador satánico? ¿Has salido de la concupiscencia del orgullo? ¿Has escapado de la pereza? ¿Has escapado del todo de la seguridad carnal? ¿Procuras cada día vivir por encima de la mundanalidad, de la soberbia de la vida y del vicio enredador de la avaricia? Recuerda: para esto has sido enriquecido con los tesoros de Dios. Si de veras eres escogido de Dios, y amado por él, no permitas que todo el caudal abundante de la gracia se desperdicie en ti. Sigue la santidad; es la corona y la gloria del cristiano. ¡Una iglesia impía! Es inútil para el mundo, y no tiene estima alguna entre los hombres. Es una abominación, la risa del infierno, el aborrecimiento del cielo. Los peores males que jamás han venido sobre el mundo se los ha traído una iglesia impía. Oh cristiano, los votos de Dios están sobre ti. Eres sacerdote de Dios: obra como tal. Eres rey de Dios: reina sobre tus concupiscencias. Eres escogido de Dios: no te asocies con Belial. El cielo es tu porción: vive como un espíritu celestial; así probarás que tienes fe verdadera en Jesús, porque no puede haber fe en el corazón si no hay santidad en la vida.
Señor, deseo vivir como quien lleva un nombre comprado con sangre, como quien nada teme sino el contristarte, y no conoce otra vergüenza.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde