23 de junio
Mañana
Oseas 7:8«Ephraim fué torta no vuelta.»Una torta no vuelta está cruda de un lado; y así estaba Efraín: en muchos aspectos, no tocado por la gracia divina; aunque había alguna obediencia parcial, quedaba muchísima rebelión. Alma mía, te encargo que mires si este es tu caso. ¿Eres cabal en las cosas de Dios? ¿Ha penetrado la gracia hasta el centro mismo de tu ser, de modo que se sienta en sus operaciones divinas en todas tus facultades, tus acciones, tus palabras y tus pensamientos? Ser santificado en espíritu, alma y cuerpo debe ser tu meta y tu oración; y aunque la santificación puede no ser, en ninguna parte, perfecta en ti en cuanto al grado, con todo ha de ser universal en su acción; no ha de haber apariencia de santidad en un lugar y pecado reinante en otro, pues de lo contrario tú también serás una torta no vuelta.
Una torta no vuelta pronto se quema del lado más cercano al fuego, y aunque ningún hombre puede tener demasiada religión, hay algunos que parecen quemados hasta negrear, por un celo intolerante a favor de aquella parte de la verdad que han recibido, o quedan carbonizados hasta hacerse carbón por una ostentación farisaica y vanagloriosa de aquellos actos religiosos que se acomodan a su gusto. La apariencia que adoptan de una santidad superior acompaña con frecuencia una ausencia total de toda piedad vital. El santo en público es un diablo en privado. De día comercia con harina, y de noche con hollín. La torta que está quemada de un lado es masa del otro.
¡Si así es conmigo, oh Señor, vuélveme! Vuelve hacia el fuego de tu amor mi naturaleza no santificada, y deja que sienta el fulgor sagrado, y deja que mi lado quemado se enfríe un poco, mientras aprendo mi propia debilidad y mi falta de calor cuando soy apartado de tu llama celestial. No me dejes ser hallado hombre de doble ánimo, sino uno enteramente bajo el influjo poderoso de la gracia reinante; porque bien sé que, si quedo como una torta no vuelta, y no soy por ambos lados sujeto de tu gracia, he de ser consumido para siempre en medio de ardimientos eternos.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Romanos 8:23«esperando la adopción»Aun en este mundo los santos son hijos de Dios, pero los hombres no pueden descubrir que lo son, sino por ciertas características morales. La adopción no está manifestada; los hijos aún no son declarados abiertamente. Entre los romanos, un hombre podía adoptar a un niño y mantenerlo en privado por largo tiempo; pero había una segunda adopción en público: cuando el niño era llevado ante las autoridades constituidas, se le quitaban las vestiduras anteriores, y el padre que lo tomaba por hijo le daba una vestidura adecuada a su nueva condición de vida. «Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser.» Aún no estamos ataviados con el vestido que conviene a la familia real del cielo; vestimos, en esta carne y esta sangre, justamente lo que vestíamos como hijos de Adán; pero sabemos que «cuando él apareciere», quien es el «primogénito entre muchos hermanos», seremos semejantes a él, lo veremos como él es. ¿No puedes imaginar que un niño, tomado de las filas más bajas de la sociedad y adoptado por un senador romano, se diría a sí mismo: «Anhelo el día en que sea adoptado públicamente. Entonces dejaré estas vestiduras plebeyas, y seré revestido como conviene a mi rango senatorial»? Feliz con lo que ha recibido, por esa misma razón gime por alcanzar la plenitud de lo que se le ha prometido. Así es con nosotros hoy. Esperamos hasta que nos pongamos nuestras vestiduras propias, y seamos manifestados como los hijos de Dios. Somos jóvenes nobles, y aún no hemos ceñido nuestras coronetas. Somos jóvenes desposadas, y el día de las bodas aún no ha llegado, y por el amor que nuestro Esposo nos tiene, somos llevados a anhelar y a suspirar por la mañana nupcial. Nuestra misma felicidad nos hace gemir por más; nuestro gozo, como un manantial hinchado, anhela brotar como un géiser de Islandia, saltando hasta los cielos, y se agita y gime dentro de nuestro espíritu por falta de espacio y de holgura con que manifestarse a los hombres.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde