22 de junio
Mañana
Zacarías 6:13«El edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria»Cristo mismo es el edificador de su templo espiritual, y lo ha edificado sobre los montes de su afecto inmutable, de su gracia omnipotente y de su veracidad infalible. Pero como fue en el templo de Salomón, así en este: los materiales han de ser preparados. Ahí están los «cedros del Líbano», pero no están ensamblados para el edificio; no han sido talados, ni labrados, ni convertidos en aquellas tablas de cedro, cuya hermosura fragante alegrará los atrios de la casa del Señor en el Paraíso. Están también las piedras toscas, todavía en la cantera; de allí han de ser arrancadas, y escuadradas. Todo esto es obra propia de Cristo. Cada creyente en particular está siendo preparado, y pulido, y dispuesto para su lugar en el templo; pero la propia mano de Cristo realiza la obra de preparación. Las aflicciones no pueden santificar, salvo en cuanto él las emplea para este fin. Nuestras oraciones y esfuerzos no pueden disponernos para el cielo, aparte de la mano de Jesús, quien forma nuestros corazones como es debido.
Como en la edificación del templo de Salomón, «ni martillos ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro», porque todo era traído perfectamente listo para el sitio exacto que había de ocupar, así es con el templo que Jesús edifica; toda la preparación se hace en la tierra. Cuando lleguemos al cielo, allí no se nos santificará, ni se nos escuadrará con la aflicción, ni se nos cepillará con el sufrimiento. No: hemos de ser hechos aptos aquí; todo eso lo hará Cristo de antemano; y cuando lo haya hecho, seremos pasados en barca por una mano amorosa al otro lado de la corriente de la muerte, y llevados a la Jerusalén celestial, para permanecer como columnas eternas en el templo de nuestro Señor.
Bajo su ojo y su cuidado, el edificio se alzará, majestuoso, fuerte y hermoso, y brillará sobre los cielos.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Hebreos 12:27«para que queden las cosas que son firmes»Tenemos en este momento muchas cosas en nuestro poder que pueden ser sacudidas, y mal le sienta a un hombre cristiano estimarlas en mucho, porque no hay nada estable bajo estos cielos que ruedan; el cambio está escrito sobre todas las cosas. Con todo, tenemos ciertas «cosas que son firmes», y te invito esta tarde a pensar en ellas, para que, si las cosas que pueden ser sacudidas te fueran todas quitadas, puedas sacar verdadero consuelo de las cosas que no pueden ser sacudidas, las cuales permanecerán. Cualesquiera que hayan sido tus pérdidas, o que hayan de ser, gozas de salvación presente. Estás al pie de su cruz, confiando únicamente en el mérito de la sangre preciosa de Jesús, y ninguna alza ni baja de los mercados puede estorbar tu salvación en él; ninguna quiebra de bancos, ningún fracaso ni ninguna bancarrota puede tocarla. Luego, eres hijo de Dios esta tarde. Dios es tu Padre. Ningún cambio de circunstancias podrá jamás arrebatarte eso. Aunque las pérdidas te reduzcan a la pobreza, y quedes despojado del todo, puedes decir: «Él sigue siendo mi Padre. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; por tanto, no me turbaré.» Tienes otra bendición permanente, a saber, el amor de Jesucristo. El que es Dios y Hombre te ama con toda la fuerza de su naturaleza afectuosa: nada puede afectar eso. Aunque la higuera no florezca, y los rebaños falten en el campo, nada le importa al hombre que puede cantar: «Mi amado es mío, y yo suya.» Nuestra mejor porción y nuestra heredad más rica no podemos perderlas. Vengan las tribulaciones que vinieren, portémonos varonilmente; mostremos que no somos niños tan pequeños como para quedar abatidos por lo que pueda acontecer en este pobre y pasajero estado del tiempo. Nuestra patria es la tierra de Emmanuel, nuestra esperanza está sobre el cielo y, por tanto, serenos como el océano del verano, veremos el naufragio de todo lo nacido de la tierra, y con todo nos gozaremos en el Dios de nuestra salvación.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde