17 de junio
Mañana
Salmos 12:1«SALVA, oh Jehová»La oración misma es notable, pues es breve, pero oportuna, sentenciosa y sugestiva. David se dolía de cuán pocos eran los hombres fieles y, por eso, alzó el corazón en súplica: cuando faltaba la criatura, voló al Creador. Evidentemente sentía su propia flaqueza, pues de otro modo no habría clamado pidiendo ayuda; pero, al mismo tiempo, se proponía con honradez esforzarse él mismo por la causa de la verdad, porque la palabra «ayuda» no es aplicable allí donde nosotros mismos no hacemos nada. [N. del T.: la RV1909 vierte el clamor como «SALVA, oh Jehová»; aquí se dice «ayuda» porque de ese sentido pende el argumento.] Hay mucha derechura, claridad de percepción y nitidez de expresión en esta petición de dos palabras; mucha más, en verdad, que en los largos y divagantes desahogos de ciertos profesantes. El salmista acude en derechura a su Dios, con una oración bien pensada; sabe lo que busca y dónde buscarlo. Señor, enséñanos a orar de ese mismo modo bienaventurado.
Son frecuentes las ocasiones de usar esta oración. En las aflicciones providenciales, ¡cuán a propósito viene para los creyentes probados, que ven faltarles todo auxilio! Los estudiantes, en dificultades doctrinales, muchas veces pueden obtener socorro elevando este clamor de «SALVA, oh Jehová» al Espíritu Santo, el gran Maestro. Los guerreros espirituales, en conflictos interiores, pueden enviar al trono a pedir refuerzos, y este clamor será el modelo de su petición. Los obreros en la labor celestial pueden alcanzar así gracia en el tiempo de la necesidad. Los pecadores que buscan, en dudas y alarmas, pueden elevar la misma súplica de peso; de hecho, en todos estos casos, tiempos y lugares, ella saldrá al paso de las almas necesitadas. «SALVA, oh Jehová» nos vendrá bien viviendo y muriendo, sufriendo o trabajando, gozando o llorando. En él se halla nuestra ayuda; no seamos remisos en clamar a él.
La respuesta a la oración es cierta, si esta se ofrece con sinceridad por medio de Jesús. El carácter del Señor nos asegura que no dejará a su pueblo; su relación como Padre y como Esposo nos garantiza su auxilio; su don de Jesús es prenda de todo bien; y permanece en pie su promesa segura: «No temas, yo te ayudé».
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Números 21:17«Entonces cantó Israel esta canción: Sube, oh pozo; á él cantad:»Famoso fue el pozo de Beer en el desierto, porque fue materia de una promesa: «este es el pozo del cual Jehová dijo á Moisés: Junta el pueblo, y les daré agua». El pueblo necesitaba agua, y su Dios lleno de gracia se la había prometido. Nosotros necesitamos nuevas provisiones de gracia celestial, y en el pacto el Señor se ha obligado a darnos todo cuanto requerimos. El pozo pasó luego a ser causa de un cántico. Antes de que el agua brotara, una fe gozosa movió al pueblo a cantar; y, al ver la fuente cristalina que borboteaba, la música se hizo todavía más alegre. De igual manera, los que creemos la promesa de Dios hemos de regocijarnos ante la perspectiva de avivamientos divinos en nuestras almas y, al experimentarlos, nuestro santo gozo ha de rebosar. ¿Tenemos sed? No murmuremos, sino cantemos. La sed espiritual es amarga de soportar, pero no tenemos por qué soportarla: la promesa señala un pozo; tengamos buen ánimo y busquémoslo. Además, el pozo fue el centro de la oración. «Sube, oh pozo». Lo que Dios se ha comprometido a dar, hemos de solicitarlo, o manifestamos que no tenemos ni deseo ni fe. Esta tarde pidamos que la Escritura que hemos leído, y nuestros ejercicios de devoción, no sean una formalidad vacía, sino un canal de gracia para nuestras almas. ¡Oh, que Dios el Espíritu Santo obre en nosotros con todo su inmenso poder, llenándonos de toda la plenitud de Dios! Por último, el pozo fue el objeto del esfuerzo. «Caváronlo los príncipes del pueblo, y el legislador, con sus bordones». El Señor quiere que seamos activos para alcanzar la gracia. Nuestros bordones mal se prestan a cavar en la arena, pero hemos de usarlos hasta donde alcance nuestra capacidad. No ha de descuidarse la oración; no ha de abandonarse el congregarnos; no han de menospreciarse las ordenanzas. El Señor nos dará su paz con grandísima abundancia, pero no por vía de la ociosidad. Movámonos, pues, a buscar a aquel en quien están todos nuestros manantiales.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde