9 de junio
Mañana
Salmos 126:3«Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; estaremos alegres.»Algunos cristianos son tristemente propensos a mirar el lado oscuro de todas las cosas, y a detenerse más en lo que han atravesado que en lo que Dios ha hecho por ellos. Pídeles su impresión de la vida cristiana, y describirán sus conflictos continuos, sus aflicciones profundas, sus adversidades tristes y la pecaminosidad de su corazón, pero casi sin alusión alguna a la misericordia y a la ayuda que Dios les ha concedido. Pero un cristiano cuya alma está en estado sano se adelantará con gozo, y dirá: «Hablaré, no acerca de mí mismo, sino para honra de mi Dios. E hízome sacar de un lago de miseria, del lodo cenagoso; y puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca canción nueva, alabanza á nuestro Dios. Grandes cosas ha hecho Jehová conmigo, de lo cual me alegro.» Semejante compendio de experiencia es lo mejor que cualquier hijo de Dios puede presentar. Es verdad que sufrimos pruebas, pero es igualmente verdad que somos librados de ellas. Es verdad que tenemos nuestras corrupciones, y con dolor lo sabemos, pero es tan verdad como eso que tenemos un Salvador todo-suficiente, que vence estas corrupciones y nos libra de su dominio. Al mirar atrás, sería malo negar que hemos estado en el Pantano del Desaliento y que nos hemos arrastrado por el Valle de la Humillación, pero sería igualmente impío olvidar que hemos pasado a través de ellos con seguridad y con provecho; no hemos permanecido en ellos, gracias a nuestro Ayudador y Guía Todopoderoso, que nos ha sacado «á hartura». Cuanto más hondas nuestras tribulaciones, más alto nuestro agradecimiento a Dios, que nos ha conducido a través de todas y nos ha conservado hasta ahora. Nuestras penas no pueden estropear la melodía de nuestra alabanza; las contamos como la parte del bajo del cántico de nuestra vida: «Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; estaremos alegres.»
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Juan 5:39«Escudriñad las Escrituras»La palabra griega que aquí se traduce escudriñad significa una búsqueda estricta, minuciosa, diligente y escrupulosa, como la que hacen los hombres cuando buscan oro, o los cazadores cuando van de veras tras la presa. No hemos de darnos por contentos con haber dado una lectura superficial a uno o dos capítulos, sino que, con la candela del Espíritu, hemos de buscar deliberadamente el sentido oculto de la palabra. La Sagrada Escritura exige ser escudriñada: mucho de ella solo puede aprenderse mediante estudio cuidadoso. Hay leche para los párvulos, pero también vianda para los hombres fuertes. Los rabinos dicen con sabiduría que una montaña de materia pende de cada palabra, sí, de cada tilde de la Escritura. Tertuliano exclama: «Adoro la plenitud de las Escrituras.» Ningún hombre que meramente hojea el libro de Dios puede sacar provecho de ello; hemos de cavar y minar hasta obtener el tesoro escondido. La puerta de la palabra solo se abre con la llave de la diligencia. Las Escrituras reclaman ser escudriñadas. Son los escritos de Dios, y llevan el sello y el imprimátur divinos: ¿quién se atreverá a tratarlas con liviandad? Quien las desprecia, desprecia al Dios que las escribió. No permita Dios que alguno de nosotros abandone su Biblia, de modo que llegue a ser testigo pronto contra nosotros en el gran día de las cuentas. La palabra de Dios habrá de recompensar el escudriñarla. Dios no nos manda cribar una montaña de tamo con aquí y allá un grano de trigo dentro, sino que la Biblia es trigo aventado: no tenemos más que abrir la puerta del granero y hallarlo. La Escritura crece ante el estudiante. Está llena de sorpresas. Bajo la enseñanza del Espíritu Santo, al ojo que escudriña le resplandece con esplendor de revelación, como un vasto templo pavimentado de oro labrado y techado de rubíes, esmeraldas y toda suerte de gemas. No hay mercancía como la mercancía de la verdad de la Escritura. Por último, las Escrituras revelan a Jesús: «ellas son las que dan testimonio de mí.» Ningún motivo más poderoso puede presentarse a los lectores de la Biblia que este: quien halla a Jesús halla vida, cielo, todas las cosas. Bienaventurado quien, escudriñando su Biblia, descubre a su Salvador.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde