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8 de junio

Mañana

1 Crónicas 5:22«Y cayeron muchos heridos, porque la guerra era de Dios»

Guerrero, que peleas bajo el estandarte del Señor Jesús, observa este versículo con santo gozo, porque como fue en los días antiguos, así es ahora: si la guerra es de Dios, la victoria es segura. Los hijos de Rubén, los gaditas y la media tribu de Manasés apenas podían reunir cuarenta y cinco mil hombres de guerra, y sin embargo, en su guerra con los agarenos, mataron a «cien mil personas», «porque clamaron á Dios en la guerra, y fuéles favorable, porque esperaron en él.» El Señor no salva con muchos ni con pocos; nos toca salir en el nombre de Jehová aunque no seamos más que un puñado de hombres, porque el Señor de los ejércitos está con nosotros como Capitán nuestro. No descuidaron el broquel, ni la espada, ni el arco, ni tampoco pusieron su confianza en estas armas; hemos de usar todos los medios adecuados, pero nuestra confianza ha de descansar solo en el Señor, porque él es la espada y el escudo de su pueblo. La gran razón de su éxito extraordinario estaba en el hecho de que «la guerra era de Dios». Amados, al pelear con el pecado de fuera y de dentro, con el error doctrinal o práctico, con la maldad espiritual en los lugares altos o en los lugares bajos, con los demonios y los aliados del diablo, están haciendo la guerra de Jehová, y a menos que él mismo pueda ser derrotado, no tienen por qué temer la derrota. No se acobarden ante números superiores, no retrocedan ante las dificultades ni ante las imposibilidades, no se amilanen ante las heridas ni ante la muerte, hieran con la espada de dos filos del Espíritu, y los muertos yacerán en montones. La batalla es del Señor, y él entregará a sus enemigos en nuestras manos. Con pie firme, mano fuerte, corazón intrépido y celo ardiente, láncense al combate, y las huestes del mal huirán como el tamo delante del vendaval.

¡En pie! ¡en pie por Jesús! La contienda no será larga; hoy el estruendo de la batalla, mañana el cántico del vencedor. Al que venciere, corona de vida será; él, con el Rey de gloria, reinará eternamente.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Números 11:23«ahora verás si te sucede mi dicho, ó no.»

Dios había hecho a Moisés una promesa expresa: que por espacio de un mes entero alimentaría con carne a la vasta hueste en el desierto. Moisés, presa de un acceso de incredulidad, mira a los medios exteriores, y no acierta a saber cómo puede cumplirse la promesa. Miró a la criatura en vez de al Creador. Pero ¿espera el Creador que la criatura cumpla la promesa por él? No; quien hace la promesa la cumple siempre por su propia omnipotencia, sin ayuda. Si él habla, está hecho—hecho por él mismo. Sus promesas no dependen, para cumplirse, de la cooperación de la fuerza raquítica del hombre. Podemos percibir enseguida el error que cometió Moisés. ¡Y sin embargo, cuán comúnmente hacemos lo mismo! Dios ha prometido suplir nuestras necesidades, y miramos a la criatura para que haga lo que Dios ha prometido hacer; y entonces, porque percibimos que la criatura es débil y endeble, nos entregamos a la incredulidad. ¿Por qué miramos hacia ese lado siquiera? ¿Mirarán ustedes al polo norte para recoger frutos madurados al sol? En verdad, no obrarían con mayor necedad si hicieran esto que cuando miran al débil en busca de fortaleza, y a la criatura para que haga la obra del Creador. Pongamos, pues, la pregunta en su verdadero terreno. El fundamento de la fe no es la suficiencia de los medios visibles para el cumplimiento de la promesa, sino la toda-suficiencia del Dios invisible, que con toda certeza hará como ha dicho. Si, después de ver con claridad que el peso de la obligación recae sobre el Señor y no sobre la criatura, nos atrevemos a entregarnos a la desconfianza, la pregunta de Dios nos alcanza con poder: «¿Hase acortado la mano de Jehová?» Ojalá suceda también, en su misericordia, que con la pregunta destelle sobre nuestras almas aquella declaración bienaventurada: «ahora verás si te sucede mi dicho, ó no.»

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde