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4 de junio

Mañana

Tito 3:4«la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres»

¡Cuán dulce es contemplar al Salvador en comunión con su propio pueblo amado! Nada puede haber más deleitable que ser llevados, por el Espíritu divino, a este campo fértil de deleite. Considere la mente, por un instante, la historia del amor del Redentor, y mil actos encantadores de afecto se presentarán por sí mismos, todos los cuales han tenido por designio tejer el corazón en Cristo, y entrelazar los pensamientos y las emociones del alma renovada con la mente de Jesús. Cuando meditamos en este amor asombroso, y contemplamos al Pariente todo glorioso de la Iglesia, que la dota con toda su antigua riqueza, bien pueden nuestras almas desfallecer de gozo. ¿Quién es el que puede soportar tal peso de amor? Ese sentido parcial de él que el Espíritu Santo se digna a veces conceder es más de lo que el alma puede contener; ¡cuán arrebatadora ha de ser una vista completa! Cuando el alma tenga entendimiento para discernir todos los dones del Salvador, sabiduría con que estimarlos, y tiempo en que meditar en ellos, tal como nos lo dará el mundo venidero, entonces tendremos comunión con Jesús de un modo más cercano que ahora. Pero ¿quién puede imaginar la dulzura de tal comunión? Ha de ser una de las cosas que no han entrado en el corazón del hombre, pero que Dios ha preparado para los que lo aman. ¡Oh, abrir de golpe la puerta de los graneros de nuestro José, y ver la abundancia que ha almacenado para nosotros! Esto nos abrumará de amor. Por la fe vemos, como en un espejo, oscuramente, la imagen refleja de sus tesoros sin límite; pero cuando veamos de veras las cosas celestiales mismas, con nuestros propios ojos, ¡cuán hondo será el río de comunión en que nuestra alma se bañará! Hasta entonces, nuestros cánticos más sonoros se reservarán para nuestro amoroso benefactor, Jesucristo nuestro Señor, cuyo amor hacia nosotros es maravilloso, y sobrepasa el amor de las mujeres.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

1 Timoteo 3:16«ha sido recibido en gloria»

Hemos visto a nuestro Señor bienamado en los días de su carne, humillado y muy atormentado; porque fue «Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto». Aquel cuyo resplandor es como la mañana vistió el cilicio del dolor como traje de cada día: la vergüenza fue su manto, y el oprobio su vestidura. Mas ahora, por cuanto ha triunfado sobre todos los poderes de las tinieblas en el árbol sangriento, nuestra fe contempla a nuestro Rey que vuelve de Edom con vestiduras teñidas, revestido del esplendor de la victoria. ¡Cuán glorioso ha de haber sido a los ojos de los serafines, cuando una nube lo recibió fuera de la vista mortal, y ascendió al cielo! Ahora lleva la gloria que tenía con Dios antes que la tierra existiese, y aun otra gloria por encima de todas: la que bien se ganó en la pelea contra el pecado, la muerte y el infierno. Como vencedor lleva la corona ilustre. ¡Escucha cómo se alza el cántico! Es un cántico nuevo y más dulce: «¡Digno es el Cordero que fue inmolado, porque nos ha redimido para Dios con su sangre!» Lleva la gloria de un Intercesor que nunca puede fallar, de un Príncipe que nunca puede ser vencido, de un Conquistador que ha derrotado a todo enemigo, de un Señor que tiene la lealtad del corazón de cada súbdito. Jesús lleva toda la gloria que la pompa del cielo puede conferirle, la que diez mil veces diez mil ángeles pueden ministrarle. No puedes, ni con el mayor esfuerzo de tu imaginación, concebir su grandeza que todo lo excede; pero habrá una revelación aún mayor de ella cuando descienda del cielo con gran poder, con todos los santos ángeles: «entonces se sentará sobre el trono de su gloria». ¡Oh, el esplendor de esa gloria! Arrebatará los corazones de su pueblo. Ni es este el fin, porque la eternidad hará resonar su alabanza: «Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo». Lector, si quieres gozarte en la gloria de Cristo en lo por venir, él ha de ser glorioso a tus ojos ahora. ¿Lo es?

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde