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3 de junio

Mañana

1 Crónicas 4:23«Estos fueron alfareros y se hallaban en medio de plantíos y cercados, los cuales moraron allá con el rey en su obra.»

Los alfareros no eran la clase más elevada de obreros, pero «el rey» necesitaba alfareros, y por eso estaban en servicio regio, aunque la materia en que trabajaban no era más que barro. También nosotros podemos estar ocupados en la parte más servil de la obra del Señor, pero es un gran privilegio hacer cualquier cosa para «el rey»; y por eso permaneceremos en nuestra vocación, esperando que «aunque hemos yacido entre los tiestos, seremos como las alas de la paloma cubierta de plata, y sus plumas con amarillez de oro.» El texto nos habla de los que habitaron entre plantíos y cercados, con una labor tosca y rústica de cercar y de abrir zanjas. Tal vez deseaban vivir en la ciudad, en medio de su vida, de su sociedad y de su refinamiento, pero guardaron los puestos que les habían sido señalados, porque ellos también hacían la obra del rey. El lugar de nuestra morada está fijado, y no hemos de mudarnos de él por antojo y capricho, sino procurar servir al Señor en él, siendo bendición para aquellos entre quienes residimos. Estos alfareros y hortelanos tenían compañía regia, pues habitaban «con el rey»; y aunque entre cercados y plantíos, habitaban con el rey allí. Ningún lugar lícito, ni ocupación de gracia, por baja que sea, puede privarnos de la comunión con nuestro divino Señor. Al visitar tugurios, posadas atestadas, asilos de pobres o cárceles, podemos ir con el rey. En todas las obras de fe podemos contar con la comunión de Jesús. Es cuando estamos en su obra cuando podemos contar con su sonrisa. Ustedes, obreros desconocidos, que se ocupan para su Señor en medio de la suciedad y la miseria de los más bajos entre los bajos, tengan buen ánimo, porque ya antes se han hallado joyas sobre los muladares, vasijas de barro se han llenado de tesoro celestial, y malas hierbas se han transformado en flores preciosas. Habiten ustedes con el Rey en su obra, y cuando él escriba sus crónicas, el nombre de ustedes quedará registrado.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Filipenses 2:8«se humilló á sí mismo»

Jesús es el gran maestro de la humildad de corazón. Necesitamos aprender de él cada día. ¡Mira al Maestro tomar una toalla y lavar los pies de sus discípulos! Seguidor de Cristo, ¿no te humillarás? Míralo como el Siervo de los siervos, y de cierto no podrás ser soberbio. ¿No es esta sentencia el compendio de su biografía: «se humilló á sí mismo»? ¿No estuvo en la tierra despojándose siempre, primero de una vestidura de honra y luego de otra, hasta que, desnudo, fue clavado en la cruz, y allí, ¿no vació lo más íntimo de sí, derramando su sangre vital, entregándose por todos nosotros, hasta que lo pusieron sin un centavo en un sepulcro prestado? ¡A qué bajeza fue reducido nuestro amado Redentor! ¿Cómo, pues, podemos ser soberbios? Ponte al pie de la cruz, y cuenta las gotas de púrpura con que has sido limpiado; mira la corona de espinas; repara en sus hombros azotados, que aún brotan en arroyos de carmesí; mira las manos y los pies entregados al hierro áspero, y todo su ser, a la burla y al escarnio; mira la amargura, y los dolores, y los espasmos del dolor interior, que se muestran en su cuerpo exterior; oye el grito desgarrador: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» Y si no yaces postrado en tierra ante esa cruz, nunca la has visto; si no estás humillado en la presencia de Jesús, no lo conoces. Estabas tan perdido que nada podía salvarte sino el sacrificio del unigénito de Dios. Piensa en eso y, así como Jesús se abajó por ti, inclínate con humildad a sus pies. El sentir el amor asombroso de Cristo hacia nosotros tiene mayor fuerza para humillarnos que aun la conciencia de nuestra propia culpa. Quiera el Señor llevarnos en contemplación al Calvario; entonces nuestra postura ya no será la del hombre pomposo de la soberbia, sino que tomaremos el lugar humilde de quien ama mucho porque mucho le ha sido perdonado. La soberbia no puede vivir bajo la cruz. Sentémonos allí y aprendamos nuestra lección, y luego levantémonos y llevémosla a la práctica.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde