31 de mayo
Mañana
2 Samuel 15:23«el torrente de Cedrón; asimismo pasó el rey»David pasó aquel torrente sombrío cuando huía, con su compañía enlutada, de su hijo traidor. El varón conforme al corazón de Dios no estuvo exento de tribulación; antes bien, su vida estuvo llena de ella. Fue a la vez el Ungido del Señor y el Afligido del Señor. ¿Por qué, pues, habríamos de esperar escapar? A las puertas del dolor los más nobles de nuestra raza han esperado con ceniza sobre la cabeza; ¿por qué, pues, hemos de quejarnos como si alguna cosa peregrina nos aconteciese?
El Rey de reyes mismo no fue favorecido con un camino más alegre ni más regio. Pasó la zanja inmunda de Cedrón, por la cual corría la inmundicia de Jerusalén. Dios tuvo un Hijo sin pecado, pero ni un solo hijo sin la vara. Es un gran gozo creer que Jesús ha sido tentado en todo según nuestra semejanza. ¿Cuál es nuestro Cedrón esta mañana? ¿Es un amigo infiel, un duelo triste, un reproche calumnioso, un presagio oscuro? El Rey ha pasado por todos estos. ¿Es dolor del cuerpo, pobreza, persecución o desprecio? Por cada uno de estos Cedrones el Rey ha ido delante de nosotros. «En toda angustia nuestra él fué angustiado.» La idea de extrañeza en nuestras pruebas ha de ser desterrada al instante y para siempre, porque aquel que es la Cabeza de todos los santos conoce por experiencia el dolor que creemos tan peculiar. Todos los ciudadanos de Sión han de pertenecer, como hombres libres, a la Honorable Compañía de los Dolientes, de la cual el Príncipe Emmanuel es Cabeza y Capitán.
No obstante el abatimiento de David, con todo volvió en triunfo a su ciudad, y el Señor de David se levantó victorioso del sepulcro; tengamos, pues, buen ánimo, porque nosotros también ganaremos la jornada. Sacaremos todavía aguas con gozo de las fuentes de la salud, aunque ahora por un tiempo tengamos que pasar junto a las corrientes nocivas del pecado y del dolor. ¡Ánimo, soldados de la Cruz! El Rey mismo triunfó después de pasar el Cedrón, y así triunfarán ustedes.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Salmos 103:3«el que sana todas tus dolencias»Por humillante que sea la declaración, el hecho es cierto: todos padecemos, en mayor o menor grado, la enfermedad del pecado. ¡Qué consuelo saber que tenemos un gran Médico, capaz y dispuesto a sanarnos! Pensemos en él un rato esta noche. Sus curas son muy prontas: hay vida en una mirada a él; sus curas son radicales: hiere el centro de la enfermedad; y de ahí que sus curas sean seguras y ciertas. Nunca falla, y la enfermedad nunca vuelve. No hay recaída donde Cristo sana; no hay temor de que sus pacientes queden meramente remendados por una temporada: él hace de ellos hombres nuevos; también les da un corazón nuevo, y pone dentro de ellos un espíritu recto. Es muy diestro en todas las enfermedades. Los médicos por lo general tienen alguna especialidad. Aunque sepan un poco de casi todos nuestros dolores y males, de ordinario hay una enfermedad que han estudiado por encima de todas las demás; pero Jesucristo conoce a fondo toda la naturaleza humana. Está tan en su casa con un pecador como con otro, y jamás ha hallado un caso fuera de lo común que le resultara difícil. Ha tenido que habérselas con complicaciones extraordinarias de enfermedades extrañas, pero ha sabido, con una sola mirada de su ojo, exactamente cómo tratar al paciente. Él es el único médico universal; y la medicina que da es el único verdadero catolicón, que sana en todos los casos. Cualquiera que sea nuestra dolencia espiritual, debemos acudir en seguida a este Médico divino. No hay quebranto de corazón que Jesús no pueda ligar. «Su sangre limpia de todo pecado.» No tenemos más que pensar en las miríadas que han sido libradas de toda suerte de enfermedades por el poder y la virtud de su toque, y con gozo nos pondremos en sus manos. Confiamos en él, y el pecado muere; lo amamos, y la gracia vive; lo esperamos, y la gracia se fortalece; lo vemos como él es, y la gracia es perfeccionada para siempre.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde