1 de junio
Mañana
Génesis 1:5«fué la tarde y la mañana un día.»¿Fue así aun desde el principio? ¿Se dividieron la luz y las tinieblas el dominio del tiempo ya en el primer día? Poca maravilla es, entonces, que yo tenga también mudanzas en mis circunstancias, desde el sol de la prosperidad hasta la medianoche de la adversidad. No siempre será el resplandor del mediodía, ni siquiera en los asuntos de mi alma. He de esperar, por temporadas, lamentar la ausencia de mis gozos de antes, y buscar a mi Amado en la noche. Ni estoy solo en esto, pues todos los amados del Señor han tenido que cantar el cántico mezclado del juicio y de la misericordia, de la prueba y de la liberación, del duelo y del deleite. Es una de las disposiciones de la providencia divina que el día y la noche no cesen, ni en la creación espiritual ni en la natural, hasta que lleguemos a la tierra de la cual está escrito: «allí no habrá noche». Lo que nuestro Padre celestial ordena es sabio y bueno.
¿Qué es, pues, lo mejor que puedes hacer, alma mía? Aprende primero a contentarte con este orden divino, y está dispuesta, con Job, a recibir el mal de la mano del Señor tanto como el bien. Dedícate luego a hacer que se alegren las salidas de la mañana y de la tarde. Alaba al Señor por el sol del gozo cuando sale, y por la penumbra de la tarde cuando cae. Hay belleza tanto en la aurora como en el ocaso; cántala, y glorifica al Señor. Como el ruiseñor, derrama tus notas a toda hora. Cree que la noche es tan útil como el día. Los rocíos de la gracia caen copiosos en la noche del dolor. Las estrellas de la promesa brillan gloriosas en medio de la oscuridad del duelo. Continúa tu servicio bajo todos los cambios. Si de día tu consigna es trabajo, de noche cámbiala por vigilia. Cada hora tiene su deber; persevera tú en tu vocación como siervo del Señor, hasta que él aparezca de repente en su gloria. Alma mía, se acerca tu tarde de vejez y de muerte; no la temas, porque es parte del día; y el Señor ha dicho: «Yo lo cubriré todo el día».
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Isaías 51:3«tornará su desierto como paraíso»Me parece ver en visión un yermo aullante, un desierto grande y terrible, semejante al Sahara. Nada percibo en él que alivie la vista; todo alrededor me fatiga una visión de arena ardiente y árida, sembrada de diez mil esqueletos que blanquean, de hombres desdichados que expiraron en angustia, perdido el camino en el yermo despiadado. ¡Qué espectáculo pavoroso! ¡Qué horror! Un mar de arena sin término y sin un oasis, cementerio desolado de una raza desventurada. ¡Pero mira, y maravíllate! De pronto, brotando de la arena abrasadora, veo una planta de renombre; y, al crecer, echa botón, el botón se abre: es una rosa, y a su lado un lirio inclina su cabeza modesta; y, ¡milagro de milagros!, al difundirse la fragancia de aquellas flores, el desierto se transforma en campo fértil, y todo en derredor florece sobremanera; le es dada la gloria del Líbano, la hermosura del Carmelo y de Sarón. No lo llames Sahara; llámalo Paraíso. No hables ya de él como del valle de sombra de muerte, porque allí donde los esqueletos yacían blanqueando al sol, he aquí que se proclama una resurrección, y surgen los muertos, un ejército poderoso, lleno de vida inmortal. Jesús es esa planta de renombre, y su presencia hace nuevas todas las cosas. Ni es menor la maravilla en la salvación de cada uno. Allá te veo, querido lector, echado, niño, sin fajar, sin lavar, contaminado con tu propia sangre, dejado por pasto de las fieras. Pero he aquí que una joya ha sido arrojada en tu seno por una mano divina, y por causa de ella has sido compadecido y cuidado por la providencia divina; eres lavado y limpiado de tu inmundicia; eres adoptado en la familia del cielo; el bello sello del amor está sobre tu frente, y el anillo de la fidelidad está en tu mano: ahora eres un príncipe para Dios, aunque antes fuiste huérfano, desechado. ¡Oh, aprecia en extremo el poder y la gracia incomparables, que truecan los desiertos en huertos y hacen cantar de gozo al corazón estéril!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde