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30 de mayo

Mañana

Cantares 2:15«Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan á perder las viñas»

Una espina pequeña puede causar mucho sufrimiento. Una nube pequeña puede esconder el sol. Las zorras pequeñas echan a perder las viñas; y los pecados pequeños hacen daño al corazón tierno. Estos pecados pequeños hacen madriguera en el alma, y la llenan de tal modo de aquello que es odioso a Cristo, que él no tendrá con nosotros comunión ni trato que consuele. Un pecado grande no puede destruir a un cristiano, pero un pecado pequeño puede hacerlo miserable. Jesús no andará con su pueblo a menos que echen fuera todo pecado conocido. Él dice: «Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor.» Algunos cristianos muy rara vez gozan de la presencia de su Salvador. ¿Cómo es esto? Ciertamente ha de ser una aflicción para un hijo tierno estar separado de su padre. ¿Eres hijo de Dios, y sin embargo estás satisfecho de seguir sin ver el rostro de tu Padre? ¡Qué! ¿tú, la esposa de Cristo, y con todo te contentas sin su compañía? Ciertamente has caído en un estado triste, porque la esposa casta de Cristo gime como paloma sin su compañero, cuando él la ha dejado. Haz, pues, la pregunta: ¿qué ha ahuyentado a Cristo de ti? Él esconde su rostro detrás del muro de tus pecados. Ese muro puede levantarse de piedrecitas pequeñas tan fácilmente como de piedras grandes. El mar está hecho de gotas; las rocas, de granos; y el mar que te separa de Cristo puede estar lleno de las gotas de tus pecados pequeños; y la roca que casi ha hecho naufragar tu barca puede haber sido hecha por la labor diaria de los insectos de coral de tus pecados pequeños. Si quieres vivir con Cristo, y andar con Cristo, y ver a Cristo, y tener comunión con Cristo, cuídate de «las zorras pequeñas, que echan á perder las viñas; pues que nuestras viñas están en cierne.» Jesús te invita a ir con él y cazarlas. Él, como Sansón, las tomará sin duda en seguida y con facilidad. Ve con él a la cacería.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Romanos 6:6«á fin de que no sirvamos más al pecado»

Cristiano, ¿qué tienes tú que ver con el pecado? ¿No te ha costado ya bastante? Niño quemado, ¿jugarás con el fuego? ¡Qué! cuando ya has estado entre las fauces del león, ¿entrarás por segunda vez en su guarida? ¿No has tenido bastante de la serpiente antigua? ¿No te envenenó una vez todas las venas, y jugarás sobre la cueva del áspid, y extenderás tu mano sobre la caverna del basilisco por segunda vez? ¡Oh, no seas tan loco! ¡tan necio! ¿Te dio alguna vez el pecado un placer real? ¿Hallaste en él satisfacción sólida? Si es así, vuelve a tu antigua faena, y ponte otra vez la cadena, si ello te deleita. Pero, puesto que el pecado nunca te dio lo que prometió otorgar, sino que te engañó con mentiras, no seas enredado por segunda vez por el viejo cazador: ¡sé libre, y que el recuerdo de tu antigua servidumbre te impida entrar otra vez en la red! Es contrario a los designios del amor eterno, los cuales miran todos a tu pureza y santidad; no corras, pues, en contra de los propósitos de tu Señor. Otro pensamiento debe refrenarte del pecado. Los cristianos nunca pueden pecar barato; pagan un precio muy alto por la iniquidad. La transgresión destruye la paz de la mente, oscurece la comunión con Jesús, estorba la oración, trae tinieblas sobre el alma; no seas, pues, el siervo y el esclavo del pecado. Hay todavía un argumento más alto: cada vez que «sirves al pecado», has «crucificado de nuevo al Señor, y lo has expuesto a pública vergüenza». ¿Puedes soportar ese pensamiento? ¡Oh! si has caído en algún pecado especial durante este día, puede que mi Maestro haya enviado esta amonestación esta tarde, para traerte de vuelta antes de que hayas recaído muy lejos. Vuélvete a Jesús de nuevo; él no ha olvidado su amor hacia ti; su gracia es todavía la misma. Con llanto y arrepentimiento, ven a su estrado, y serás recibido una vez más en su corazón; serás puesto otra vez sobre peña, y tus pasos serán enderezados.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde