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29 de mayo

Mañana

Salmos 45:7«aborreciste la maldad»

«Airaos, y no pequéis.» Apenas puede haber bondad en un hombre si no se aíra contra el pecado; quien ama la verdad ha de aborrecer todo camino de mentira. ¡Cómo aborreció nuestro Señor Jesús la maldad cuando vino la tentación! Tres veces lo asaltó en formas distintas, pero siempre la enfrentó con: «Quítate de delante de mí, Satanás». La aborreció en los demás; no con menos fervor porque mostraba su odio más a menudo en lágrimas de piedad que en palabras de reprensión; y, sin embargo, ¿qué lenguaje podría ser más severo, más al modo de Elías, que las palabras: «¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque coméis las casas de las viudas, y por pretexto hacéis larga oración»? Aborreció la maldad a tal punto que sangró para herirla en el corazón; murió para que ella muriera; fue sepultado para sepultarla en su tumba; y resucitó para hollarla para siempre bajo sus pies. Cristo está en el evangelio, y ese evangelio se opone a la maldad en toda forma. La maldad se atavía con vestiduras hermosas, e imita el lenguaje de la santidad; pero los preceptos de Jesús, como su famoso azote de cuerdas, la echan fuera del templo, y no la tolerarán en la Iglesia. Así también, en el corazón donde Jesús reina, ¡qué guerra hay entre Cristo y Belial! Y cuando nuestro Redentor venga para ser nuestro Juez, aquellas palabras tronadoras, «Apartaos de mí, malditos», que son, en verdad, solo una prolongación de la enseñanza de su vida acerca del pecado, manifestarán su aborrecimiento de la iniquidad. Tan cálido como es su amor a los pecadores, así de ardiente es su odio al pecado; tan perfecta como es su justicia, así de completa será la destrucción de toda forma de maldad. Oh tú, glorioso campeón de lo recto y destructor de lo malo, «por tanto te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de gozo sobre tus compañeros.»

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Josué 6:26«Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó.»

Puesto que fue maldito quien reedificó Jericó, mucho más el hombre que trabaja por restaurar el romanismo entre nosotros. En los días de nuestros padres, los muros gigantescos del romanismo cayeron por el poder de su fe, la perseverancia de sus esfuerzos y el toque de sus trompetas del evangelio; y ahora hay algunos que querrían reedificar aquel sistema maldito sobre su antiguo cimiento. Oh Señor, dígnate desbaratar sus empeños injustos, y derribar toda piedra que edifiquen. Ha de ser para nosotros cosa seria quedar enteramente purgados de todo error que pueda tender a fomentar el espíritu del romanismo; y cuando hayamos hecho limpieza completa en casa, debemos procurar por todos los medios oponernos a su difusión, harto rápida, afuera, en la iglesia y en el mundo. Esto último puede hacerse en secreto mediante oración ferviente, y en público mediante testimonio decidido. Hemos de advertir con osadía juiciosa a quienes se inclinan hacia los errores de Roma; hemos de instruir a los jóvenes en la verdad del evangelio, y contarles los negros hechos del romanismo en los tiempos antiguos. Hemos de ayudar a esparcir la luz más cabalmente por el país, porque los sacerdotes, como los búhos, odian la luz del día. ¿Estamos haciendo todo lo que podemos por Jesús y el evangelio? Si no, nuestra negligencia hace el juego al artificio sacerdotal. ¿Qué estamos haciendo para difundir la Biblia, que es la perdición y el veneno del Papa? ¿Estamos echando por todas partes escritos evangélicos buenos y sanos? Lutero dijo una vez: «El diablo odia las plumas de ganso»; y, sin duda, tiene buena razón, pues los escritores prontos, por la bendición del Espíritu Santo, han hecho mucho daño a su reino. Si los millares que leerán esta breve palabra esta noche hacen todo cuanto puedan para estorbar la reedificación de este Jericó maldito, la gloria del Señor se apresurará entre los hijos de los hombres. Lector, ¿qué puedes hacer? ¿Qué harás?

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde