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22 de mayo

Mañana

Salmos 107:7«dirigiólos por camino derecho»

La experiencia mudable lleva a menudo al creyente ansioso a preguntar: «¿Por qué es así conmigo?» Busqué luz, y he aquí, vino la oscuridad; busqué paz, y he aquí, la aflicción. Dije en mi corazón: mi monte está firme; no seré jamás conmovido. Señor, escondes tu rostro, y estoy conturbado. Ayer no más podía leer con claridad mi título; hoy mis evidencias están empañadas, y mis esperanzas, nubladas. Ayer podía subir a la cumbre de Pisga y contemplar el paisaje de una parte a otra, y gozarme con confianza en mi heredad futura; hoy mi espíritu no tiene esperanzas, sino muchos temores; no tiene gozos, sino mucha congoja. ¿Forma esto parte del plan de Dios conmigo? ¿Puede ser este el camino por el cual Dios querría llevarme al cielo? Sí, así es en verdad. El eclipse de tu fe, la oscuridad de tu mente, el desfallecer de tu esperanza: todas estas cosas no son sino partes del método de Dios para madurarte para la gran heredad en la cual pronto has de entrar. Estas pruebas son para probar y para fortalecer tu fe: son olas que te empujan más sobre la roca; son vientos que impulsan tu nave con mayor rapidez hacia el puerto deseado. Conforme a las palabras de David, así podría decirse de ti: «él los guía al puerto que deseaban.» Por honra y por deshonra, por infamia y por buena fama, por abundancia y por pobreza, por gozo y por congoja, por persecución y por paz, por todas estas cosas se sostiene la vida de las almas de ustedes, y por cada una de ellas ustedes son ayudados en su camino. ¡Oh, no pienses, creyente, que tus tristezas están fuera del plan de Dios; son partes necesarias del mismo! «es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.» Aprende, pues, aun a tener por sumo gozo «cuando cayereis en diversas tentaciones».

¡Oh, que mi alma temblorosa esté quieta, y espere tu sabia, tu santa voluntad! No puedo, Señor, ver tu propósito, mas todo está bien, pues por ti es regido.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Cantares 1:16«He aquí que tú eres hermoso, amado mío»

Desde cualquier punto, nuestro Amado es hermosísimo. Nuestras diversas experiencias están destinadas por nuestro Padre celestial a suministrarnos nuevos puntos de vista desde los cuales contemplar la hermosura de Jesús; ¡cuán preciosas son nuestras pruebas cuando nos llevan a lo alto, adonde podemos alcanzar vistas de Jesús más claras que las que la vida ordinaria podría ofrecernos! Lo hemos visto desde la cumbre de Amana, desde la cumbre de Senir y de Hermón, y ha resplandecido sobre nosotros como el sol en su fuerza; pero también lo hemos visto «desde las guaridas de los leones, desde los montes de los tigres», y no ha perdido nada de su hermosura. Desde el languidecer de un lecho de enfermo, desde los bordes del sepulcro, hemos vuelto los ojos al Esposo de nuestra alma, y nunca ha sido de otro modo que «Toda tú eres hermosa». Muchos de sus santos lo han mirado desde lo lóbrego de las mazmorras y desde las rojas llamas de la hoguera, y jamás han pronunciado de él una mala palabra, sino que han muerto ensalzando sus encantos incomparables. ¡Oh, noble y placentera ocupación, estar contemplando para siempre a nuestro dulce Señor Jesús! ¿No es inefablemente deleitable ver al Salvador en todos sus oficios, y percibirlo sin igual en cada uno: girar, por así decirlo, el caleidoscopio, y hallar nuevas combinaciones de gracias sin par? En el pesebre y en la eternidad, en la cruz y en su trono, en el huerto y en su reino, entre ladrones o en medio de los querubines, en todo lugar es «todo él codiciable». Examina con cuidado cada pequeño acto de su vida, y cada rasgo de su carácter, y es tan hermoso en lo menudo como en lo majestuoso. Júzgalo como quieras: no podrás censurarlo; pésalo como te plazca, y no será hallado falto. La eternidad no descubrirá la sombra de una mancha en nuestro Amado, sino que, antes bien, conforme giren los siglos, sus glorias escondidas resplandecerán con un esplendor aún más inconcebible, y su hermosura indecible arrebatará más y más todas las mentes celestiales.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde