23 de mayo
Mañana
Salmos 138:8«Jehová cumplirá por mí»De modo muy manifiesto, la confianza que el salmista expresó aquí era una confianza divina. No dijo: «Yo tengo gracia suficiente para perfeccionar lo que me concierne; mi fe es tan estable que no vacilará; mi amor es tan cálido que nunca se enfriará; mi resolución es tan firme que nada puede moverla»; no: su dependencia estaba en el Señor solo. Si nos permitimos alguna confianza que no esté fundada sobre la Roca de los siglos, nuestra confianza es peor que un sueño: caerá sobre nosotros y nos cubrirá con sus ruinas, para dolor y confusión nuestros. Todo lo que la Naturaleza hila, el tiempo lo destejerá, para confusión eterna de todos los que van vestidos de ello. El salmista fue sabio: no descansó en nada menor que la obra del Señor. Es el Señor quien ha comenzado la buena obra dentro de nosotros; es él quien la ha llevado adelante; y si él no la acaba, nunca estará completa. Si hay una sola puntada en el vestido celestial de nuestra justicia que hayamos de poner nosotros mismos, entonces estamos perdidos; pero esta es nuestra confianza: el Señor que comenzó, perfeccionará. Él lo ha hecho todo, debe hacerlo todo, y lo hará todo. Nuestra confianza no ha de estar en lo que hemos hecho, ni en lo que hemos resuelto hacer, sino por entero en lo que el Señor hará. La incredulidad insinúa: «Nunca podrás mantenerte en pie. Mira la maldad de tu corazón: nunca podrás vencer el pecado; recuerda los placeres pecaminosos y las tentaciones del mundo que te asedian: de cierto serás seducido por ellos y llevado al extravío.» ¡Ah, sí! De veras pereceríamos si se nos dejara librados a nuestra propia fuerza. Si hubiéramos de navegar solos nuestras frágiles naves por un mar tan embravecido, bien podríamos abandonar la travesía en desesperación; pero, gracias a Dios, él cumplirá por nosotros, y nos guiará al puerto que deseábamos. Jamás será demasiada nuestra confianza cuando confiamos en él solo, y jamás será demasiado nuestro empeño por tener tal confianza.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Isaías 43:24«No compraste para mí caña [aromática] por dinero»Los adoradores en el templo solían traer presentes de perfumes dulces para quemarlos sobre el altar de Dios; pero Israel, en el tiempo de su retroceso, se volvió poco generoso, e hizo apenas unas pocas ofrendas votivas a su Señor: esto era evidencia de frialdad de corazón para con Dios y su casa. Lector, ¿nunca te ocurre esto? ¿No podría la queja del texto presentarse contra ti de cuando en cuando, si no es que con frecuencia? Los que son pobres de bolsa, si son ricos en fe, no serán por ello menos aceptados porque sus dones sean pequeños; pero, lector pobre, ¿das al Señor en justa proporción, o se retiene la blanca de la viuda, sin que llegue al tesoro sagrado? El creyente rico debe estar agradecido por el talento que se le ha confiado, pero no debe olvidar su grande responsabilidad, porque donde mucho es dado, mucho será demandado; pero, lector rico, ¿tienes presentes tus obligaciones, y estás dando al Señor conforme al beneficio recibido? Jesús dio su sangre por nosotros, ¿qué le daremos nosotros? Somos suyos, y todo lo que tenemos, porque él nos ha comprado para sí: ¿podemos obrar como si fuéramos nuestros? ¡Oh, si tuviéramos más consagración! y para este fin, ¡oh, si tuviéramos más amor! ¡Bendito Jesús, qué bueno es de tu parte aceptar nuestra caña aromática comprada con dinero! Nada hay demasiado costoso como tributo a tu amor sin rival, y con todo recibes con favor la más pequeña señal sincera de afecto. Recibes nuestros pobres nomeolvides y nuestras prendas de amor como si fueran preciosos en sí mismos, aunque en verdad no son sino como el manojo de flores silvestres que el niño trae a su madre. Nunca lleguemos a volvernos tacaños contigo, y desde esta hora nunca te oigamos quejarte de nosotros otra vez por retener los dones de nuestro amor. Te daremos las primicias de nuestro aumento, y te pagaremos los diezmos de todo, y entonces confesaremos: «de tu mano te damos.»
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde