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21 de mayo

Mañana

1 Pedro 2:3«Si empero habéis gustado que el Señor es benigno»

Si: entonces, esto no es cosa que haya de darse por sentada respecto de cada uno del género humano. «Si»: entonces hay una posibilidad y una probabilidad de que algunos no hayan gustado que el Señor es benigno. «Si»: entonces esta no es una misericordia general, sino especial; y es menester averiguar si conocemos la gracia de Dios por experiencia interior. No hay favor espiritual que no pueda ser materia de escudriñamiento del corazón.

Pero, aunque esto deba ser materia de indagación ferviente y orante, nadie debe contentarse mientras haya tal cosa como un «si» acerca de haber gustado que el Señor es benigno. Una desconfianza de sí mismo, celosa y santa, puede suscitar la pregunta aun en el corazón del creyente, pero la continuación de semejante duda sería un mal de veras. No hemos de darnos reposo sin una lucha desesperada por estrechar al Salvador en los brazos de la fe, y decir: «yo sé á quien he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito». No reposes, oh creyente, hasta que tengas una plena certeza de tu parte en Jesús. Nada te satisfaga hasta que, por el testimonio infalible del Espíritu Santo, que da testimonio a tu espíritu, se te certifique que eres hijo de Dios. ¡Oh, no tomes esto a la ligera; que ningún «quizá», ni «por ventura», ni «si», ni «puede ser» satisfaga tu alma! Edifica sobre verdades eternas, y de veras edifica sobre ellas. Alcanza las misericordias firmes de David, y de seguro alcánzalas. Echa tu ancla en aquello que está dentro del velo, y mira que tu alma quede unida al ancla por un cable que no se rompa. Avanza más allá de estos lúgubres «síes»; no permanezcas más en el desierto de las dudas y los temores; cruza el Jordán de la desconfianza, y entra en el Canaán de la paz, donde el cananeo aún permanece, pero donde la tierra no cesa de fluir leche y miel.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Génesis 42:2«hay víveres en Egipto»

El hambre apretaba a todas las naciones, y parecía inevitable que Jacob y su familia padecieran gran necesidad; pero el Dios de la providencia, que nunca olvida a los objetos del amor de elección, había almacenado un granero para su pueblo, al dar a los egipcios aviso de la carestía y al conducirlos a atesorar el grano de los años de abundancia. Poco esperaba Jacob que la liberación le viniera de Egipto, pero allí estaban los víveres en reserva para él. Creyente, aunque todas las cosas estén al parecer contra ti, ten por seguro que Dios ha hecho una reserva a tu favor; en el rollo de tus pesares hay una cláusula salvadora. De algún modo te librará, y en algún lugar proveerá para ti. El rumbo de donde ha de surgir tu rescate puede ser muy inesperado, pero el auxilio vendrá con certeza en tu extremo, y engrandecerás el nombre del Señor. Si los hombres no te dan de comer, los cuervos lo harán; y si la tierra no produce trigo, el cielo lloverá maná. Por tanto, ten buen ánimo, y descansa quieto en el Señor. Dios puede hacer salir el sol por el occidente, si le place, y hacer de la fuente de la angustia el cauce del deleite. Los víveres de Egipto estaban todos en manos del amado José; él abría o cerraba los graneros a su voluntad. Y así las riquezas de la providencia están todas en el poder absoluto de nuestro Señor Jesús, quien las dispensará con liberalidad a su pueblo. José estaba abundantemente dispuesto a socorrer a su propia familia; y Jesús no cesa en su cuidado fiel por sus hermanos. Lo nuestro es ir en pos del auxilio que se ha provisto para nosotros: no hemos de quedarnos sentados en el desaliento, sino ponernos en movimiento. La oración nos llevará pronto a la presencia de nuestro Hermano real: una vez ante su trono, solo hemos de pedir y recibir; sus almacenes no están agotados; aún hay víveres; su corazón no es duro: él nos dará los víveres. Señor, perdona nuestra incredulidad, y esta tarde constríñenos a sacar con largueza de tu plenitud y a recibir gracia por gracia.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde