20 de mayo
Mañana
Salmos 17:7«estupendas misericordias»Cuando damos el corazón junto con la limosna, damos bien; pero a menudo hemos de confesarnos culpables de fallar en esto. No así nuestro Amo y nuestro Señor. Sus favores se realizan siempre con el amor de su corazón. No nos envía la carne fría y los pedazos quebrados de la mesa de su lujo, sino que moja nuestro bocado en su propio plato, y sazona nuestras provisiones con las especias de sus afectos fragantes. Cuando pone en nuestras palmas las prendas de oro de su gracia, acompaña el don con una presión tan cálida sobre nuestra mano, que el modo de su dar es tan precioso como el don mismo. Él vendrá a nuestras casas en sus recados de bondad, y no se portará como se portan algunos visitantes austeros en la cabaña del pobre, sino que se sienta a nuestro lado, sin despreciar nuestra pobreza ni culpar nuestra debilidad. ¡Amados, con qué sonrisas habla! ¡Qué sentencias de oro caen de sus labios llenos de gracia! ¡Qué abrazos de afecto nos dispensa! Si no nos hubiera dado más que cuartos de penique, el modo de su dar las habría dorado; pero, tal como son las cosas, las limosnas costosas quedan puestas en una cesta de oro por su agradable porte. Es imposible dudar de la sinceridad de su caridad, porque hay un corazón que sangra estampado en el rostro de todas sus beneficencias. Da abundantemente, y no zahiere. Ni una insinuación de que le seamos carga; ni una mirada fría para sus pobres pensionados; antes se goza en su misericordia, y nos estrecha contra su pecho mientras derrama su vida por nosotros. Hay una fragancia en su nardo que nada, sino su corazón, podría producir; hay una dulzura en su panal que no podría haber en él si no se hubiera mezclado allí la esencia misma del afecto de su alma. ¡Oh, la rara comunión que tal singular calor de corazón efectúa! ¡Ojalá gustemos y conozcamos de continuo la bienaventuranza de ella!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Oseas 11:4«Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas de amor»Nuestro Padre celestial nos atrae a menudo con cuerdas de amor; pero ¡ah!, ¡qué remisos somos para correr hacia él! ¡Con qué lentitud respondemos a sus suaves impulsos! Él nos atrae a ejercer una fe más sencilla en él; pero todavía no hemos alcanzado la confianza de Abraham; no dejamos nuestros cuidados mundanos con Dios, sino que, como Marta, nos agobiamos con muchos servicios. Nuestra fe escasa trae flaqueza a nuestras almas; no abrimos nuestras bocas de par en par, aunque Dios ha prometido llenarlas. ¿No nos atrae él esta tarde a confiar en él? ¿No podemos oírle decir: «Ven, hijo mío, y confía en mí. El velo está rasgado; entra en mi presencia, y acércate con denuedo al trono de mi gracia. Soy digno de tu más plena confianza; echa tus cuidados sobre mí. Sacúdete del polvo de tus cuidados, y vístete tus hermosas vestiduras de gozo»? Pero, ¡ay!, aunque se nos llama con tonos de amor al ejercicio bienaventurado de esta gracia consoladora, no queremos venir. En otra ocasión él nos atrae a una comunión más estrecha consigo mismo. Hemos estado sentados en el umbral de la casa de Dios, y él nos manda pasar a la sala del banquete y cenar con él, pero rehusamos el honor. Hay aposentos secretos que todavía no se nos han abierto; Jesús nos invita a entrar en ellos, pero nos retraemos. ¡Vergüenza de nuestros corazones fríos! No somos más que pobres amantes de nuestro dulce Señor Jesús, no aptos para ser sus siervos, mucho menos para ser sus desposadas; y sin embargo él nos ha exaltado a ser hueso de sus huesos y carne de su carne, desposados con él por un glorioso pacto matrimonial. ¡En esto consiste el amor! Pero es un amor que no admite negativa. Si no obedecemos las suaves atracciones de su amor, él enviará la aflicción para empujarnos a una intimidad más estrecha consigo mismo. Más cerca nos tendrá. ¡Qué hijos insensatos somos al rehusar esas cuerdas de amor, y traer así sobre nuestras espaldas ese azote de cuerdas pequeñas que Jesús sabe usar!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde