18 de mayo
Mañana
Colosenses 2:9-10«en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente: Y en él estáis cumplidos»Todos los atributos de Cristo, como Dios y como hombre, están a nuestra disposición. Toda la plenitud de la divinidad, comprenda lo que comprenda ese término maravilloso, es nuestra para hacernos cumplidos. No puede dotarnos de los atributos de la Deidad; pero ha hecho todo lo que puede hacerse, porque ha puesto aun su poder divino y su Deidad al servicio de nuestra salvación. Su omnipotencia, su omnisciencia, su omnipresencia, su inmutabilidad y su infalibilidad se hallan todas combinadas para nuestra defensa. ¡Levántate, creyente, y contempla al Señor Jesús unciendo toda su divina Deidad al carro de la salvación! ¡Cuán vasta su gracia, cuán firme su fidelidad, cuán indeclinable su inmutabilidad, cuán infinito su poder, cuán sin límite su conocimiento! Todas estas cosas las ha hecho el Señor Jesús columnas del templo de la salvación; y todas, sin disminución de su infinitud, nos están dadas en pacto como nuestra herencia perpetua. El amor insondable del corazón del Salvador es nuestro hasta la última gota; cada tendón del brazo del poder, cada joya de la corona de majestad, la inmensidad del conocimiento divino y la severidad de la justicia divina, todo es nuestro, y será empleado en favor nuestro. Todo Cristo, en su carácter adorable de Hijo de Dios, nos es cedido por él mismo para gozarlo con la mayor riqueza. Su sabiduría es nuestra dirección, su conocimiento nuestra instrucción, su poder nuestra protección, su justicia nuestro fiador, su amor nuestro consuelo, su misericordia nuestro solaz, y su inmutabilidad nuestra confianza. No hace reserva alguna, sino que abre los senos del monte de Dios y nos manda cavar en sus minas en busca de los tesoros escondidos. «Todo, todo, todo es de ustedes», dice él; «estén saciados de favor y llenos de la bondad del Señor». ¡Oh, cuán dulce es contemplar así a Jesús, e invocarlo con la confianza cierta de que, al buscar la interposición de su amor o de su poder, no pedimos sino aquello que él ya ha prometido fielmente!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Hebreos 12:11«después»¡Cuán dichosos son los cristianos probados, después! No hay calma más profunda que la que sucede a una tormenta. ¿Quién no se ha gozado en los claros resplandores después de la lluvia? Los banquetes de la victoria son para soldados bien ejercitados. Después de matar al león, comemos la miel; después de escalar el monte Dificultad, nos sentamos en el cenador a descansar; después de atravesar el valle de la Humillación, después de pelear con Apolión, aparece el Resplandeciente, con la rama sanadora del árbol de la vida. Nuestras tristezas, como las quillas de los navíos que pasan sobre el mar, dejan tras sí una línea de plata de luz santa «después». Es paz, dulce y profunda paz, la que sigue al horrible tumulto que una vez reinó en nuestras almas atormentadas y culpables. ¡Mira, pues, el estado dichoso de un cristiano! Tiene sus mejores cosas al final y, por eso, en este mundo recibe sus peores cosas primero. Pero aun sus peores cosas son, «después», cosas buenas: araduras ásperas que rinden cosechas gozosas. Aun ahora se enriquece por sus pérdidas, se levanta por sus caídas, vive muriendo, y se llena al ser vaciado; si, pues, sus penosas aflicciones le rinden tanto fruto apacible en esta vida, ¿cuál será la vendimia plena del gozo «después», en el cielo? Si sus noches oscuras son tan brillantes como los días del mundo, ¿qué serán sus días? Si aun su luz de estrellas es más espléndida que el sol, ¿cuál habrá de ser su luz de sol? Si puede cantar en un calabozo, ¡cuán dulcemente cantará en el cielo! Si puede alabar al Señor en los fuegos, ¡cómo lo ensalzará ante el trono eterno! Si el mal le es bueno ahora, ¿qué será para él entonces la bondad desbordante de Dios? ¡Oh, bienaventurado «después»! ¿Quién no querría ser cristiano? ¿Quién no llevaría la cruz presente por la corona que viene después? Pero en esto hay obra para la paciencia, porque el descanso no es para hoy, ni el triunfo para el presente, sino «después». Espera, oh alma, y deja que la paciencia tenga su obra perfecta.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde