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16 de mayo

Mañana

1 Timoteo 6:17«que nos da todas las cosas en abundancia de que gocemos»

Nuestro Señor Jesús está siempre dando, y no retira su mano ni por un solo instante. Mientras haya un vaso de gracia que todavía no esté lleno hasta el borde, el aceite no se detendrá. Él es un sol siempre resplandeciente; es maná que cae siempre alrededor del campamento; es una roca en el desierto, que siempre hace salir corrientes de vida de su costado herido; la lluvia de su gracia está siempre cayendo; el río de su largueza fluye sin cesar, y el manantial de su amor se desborda de continuo. Así como el Rey nunca puede morir, así su gracia nunca puede faltar. Cada día arrancamos su fruto, y cada día sus ramas se inclinan hasta nuestra mano con una provisión fresca de misericordia. Hay siete días de fiesta en sus semanas, y cuantos son los días, tantos son los banquetes en sus años. ¿Quién ha vuelto jamás de su puerta sin bendición? ¿Quién se ha levantado jamás de su mesa insatisfecho, o de su seno sin haber sido puesto en el paraíso? Sus misericordias son nuevas cada mañana y frescas cada tarde. ¿Quién puede saber el número de sus beneficios, o referir la lista de sus dádivas? Cada grano de arena que cae del reloj de arena del tiempo no es sino el tardío seguidor de una miríada de misericordias. Las alas de nuestras horas están cubiertas con la plata de su bondad y con el oro amarillo de su afecto. El río del tiempo trae, desde los montes de la eternidad, las arenas de oro de su favor. Las innumerables estrellas no son sino como los abanderados de una hueste todavía más innumerable de bendiciones. ¿Quién puede contar el polvo de los beneficios que él otorga a Jacob, o decir el número de la cuarta parte de sus misericordias para con Israel? ¿Cómo ensalzará mi alma a aquel que cada día nos colma de beneficios, y que nos corona de misericordia? ¡Ojalá mi alabanza pudiera ser tan incesante como su largueza! ¡Oh lengua miserable!, ¿cómo puedes callar? Despierta, te ruego, no sea que ya no te llame mi gloria, sino mi vergüenza. «Despierta, salterio y arpa: levantaréme de mañana.»

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

2 Reyes 3:16-17«Y dijo: Así ha dicho Jehová: Haced en este valle muchas acequias. Porque Jehová ha dicho así: No veréis viento, ni veréis lluvia, y este valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias, y vuestros ganados.»

Los ejércitos de los tres reyes desfallecían por falta de agua: Dios estaba a punto de enviarla, y con estas palabras el profeta anunció la bendición que venía. Había aquí un caso de impotencia humana: ni una gota de agua podían conseguir de los cielos todos aquellos hombres valientes, ni hallarla en los pozos de la tierra. Así, muchas veces, el pueblo del Señor se halla al cabo de su ingenio; ve la vanidad de la criatura, y aprende por experiencia dónde ha de hallarse su socorro. Con todo, el pueblo había de hacer una preparación creyente para la bendición divina; había de cavar las acequias en que se recogería el líquido precioso. La iglesia ha de disponerse, por sus diversas agencias, esfuerzos y oraciones, para ser bendecida; ha de hacer los estanques, y el Señor los llenará. Esto ha de hacerse con fe, con la plena seguridad de que la bendición está a punto de descender. Poco después hubo un otorgamiento singular de la dádiva necesaria. No como en el caso de Elías se derramó el aguacero desde las nubes, sino que de un modo silencioso y misterioso se llenaron los estanques. El Señor tiene sus propios modos soberanos de actuar: no está atado a la manera y al tiempo como lo estamos nosotros, sino que hace como le place entre los hijos de los hombres. A nosotros nos toca recibir de él con gratitud, y no dictarle. Hemos de notar también la abundancia notable de la provisión: hubo bastante para la necesidad de todos. Y así es en la bendición del evangelio; todas las necesidades de la congregación y de la iglesia entera serán suplidas por el poder divino en respuesta a la oración; y, sobre todo esto, la victoria será dada prontamente a los ejércitos del Señor.

¿Qué estoy haciendo por Jesús? ¿Qué acequias estoy cavando? Oh Señor, prepárame para recibir la bendición que tú estás tan dispuesto a otorgar.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde