15 de mayo
Mañana
Hechos 13:39«en éste es justificado todo aquel que creyere»El creyente en Cristo recibe una justificación presente. La fe no produce este fruto más adelante, sino ahora. En la medida en que la justificación es resultado de la fe, es dada al alma en el momento en que esta se abraza a Cristo, y lo acepta como su todo en todo. Los que están delante del trono de Dios, ¿están justificados ahora? Así lo estamos nosotros, tan verdadera y tan claramente justificados como los que andan en vestiduras blancas y cantan alabanzas melodiosas a las arpas celestiales. El ladrón en la cruz fue justificado en el momento en que volvió a Jesús el ojo de la fe; y Pablo, el anciano, después de años de servicio, no estaba más justificado que el ladrón, que no tenía servicio alguno. Somos hoy aceptos en el Amado, hoy absueltos del pecado, hoy declarados sin culpa ante el tribunal de Dios. ¡Oh, pensamiento que arrebata el alma! Hay algunos racimos de la vid de Escol que no podremos recoger hasta que entremos en el cielo; pero este es un sarmiento que pasa por encima del muro. Esto no es como el grano de la tierra, que nunca podemos comer hasta cruzar el Jordán; sino que es parte del maná en el desierto, una porción de nuestro nutrimento diario con el cual Dios nos abastece en nuestro ir y venir. Estamos ahora, aun ahora, perdonados; aun ahora nuestros pecados están quitados; aun ahora estamos delante de Dios aceptos, como si nunca hubiéramos sido culpables. «AHORA pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.» No hay ni un pecado en el Libro de Dios, aun ahora, contra uno solo de su pueblo. ¿Quién se atreve a ponerles algo a su cargo? No queda ni mota, ni mancha, ni arruga, ni cosa semejante sobre ningún creyente, en cuanto a la justificación, a la vista del Juez de toda la tierra. Que el privilegio presente nos despierte al deber presente, y ahora, mientras la vida dure, gastemos y seamos gastados por nuestro dulce Señor Jesús.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Hebreos 12:23«hechos perfectos»Recuerda que hay dos clases de perfección que el cristiano necesita: la perfección de la justificación en la persona de Jesús, y la perfección de la santificación obrada en él por el Espíritu Santo. Al presente, la corrupción aún permanece aun en el pecho de los regenerados: la experiencia pronto nos lo enseña. Dentro de nosotros hay todavía concupiscencias e imaginaciones malas. Pero me alegro de saber que viene el día en que Dios acabará la obra que ha comenzado; y presentará mi alma, no solo perfecta en Cristo, sino perfecta por el Espíritu, sin mancha ni defecto, ni cosa semejante. ¿Puede ser verdad que este pobre corazón pecador mío haya de volverse santo, así como Dios es santo? ¿Puede ser que este espíritu, que a menudo clama: «¡Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de este pecado y muerte?», se libre del pecado y de la muerte; que yo no tenga cosas malas que atormenten mis oídos, ni pensamientos impíos que turben mi paz? ¡Oh, hora feliz! ¡Que se apresure! Cuando cruce el Jordán, la obra de la santificación estará acabada; pero hasta ese momento no reclamaré ni siquiera la perfección en mí mismo. Entonces mi espíritu tendrá su último bautismo en el fuego del Espíritu Santo. Paréceme que anhelo morir para recibir aquella purificación última y final que me dará entrada al cielo. Ningún ángel será más puro de lo que yo seré, porque podré decir, en un doble sentido, «Estoy limpio», por la sangre de Jesús y por la obra del Espíritu. ¡Oh, cómo debiéramos ensalzar el poder del Espíritu Santo, que así nos hace aptos para estar en pie delante de nuestro Padre en el cielo! Con todo, que la esperanza de la perfección futura no nos haga contentarnos con la imperfección de ahora. Si lo hace, nuestra esperanza no puede ser genuina; porque una buena esperanza es cosa que purifica, aun ahora. La obra de la gracia ha de estar permanente en nosotros ahora, o no podrá ser perfeccionada entonces. Oremos para ser llenos del Espíritu, a fin de que llevemos cada vez más los frutos de justicia.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde