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14 de mayo

Mañana

Romanos 8:17«coherederos de Cristo»

Los reinos sin límite del universo de su Padre son de Cristo por el derecho que le ha sido asignado. Como «heredero de todo», es el único propietario de la vasta creación de Dios, y nos ha admitido a reclamar el todo como nuestro, en virtud de aquella escritura de coheredería que el Señor ha ratificado con su pueblo escogido. Las calles de oro del paraíso, las puertas de perlas, el río de la vida, la bienaventuranza trascendente y la gloria indecible nos son traspasados por nuestro bendito Señor, para posesión nuestra eterna. Todo lo que él tiene lo comparte con su pueblo. La corona real la ha puesto sobre la cabeza de su Iglesia, designándole un reino, y llamando a sus hijos real sacerdocio, una generación de sacerdotes y reyes. Se quitó él mismo la corona para que nosotros tuviéramos una coronación de gloria; no quiso sentarse sobre su propio trono hasta haber conseguido en él un lugar para todos los que vencen por su sangre. Corona la cabeza, y todo el cuerpo participa del honor. ¡He aquí la recompensa de todo vencedor cristiano! El trono de Cristo, su corona, su cetro, su palacio, su tesoro, sus vestiduras, su heredad, son tuyos. Muy por encima de los celos, el egoísmo y la codicia, que no admiten que nadie participe de sus ventajas, Cristo estima completa su felicidad porque su pueblo la comparte. «La gloria que me diste les he dado.» «Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.» Las sonrisas de su Padre le son tanto más dulces, porque su pueblo las comparte. Los honores de su reino le son más gratos, porque su pueblo aparece con él en gloria. Más preciosas le son sus conquistas, puesto que han enseñado a su pueblo a vencer. Se deleita en su trono, porque en él hay un lugar para ellos. Se goza en sus vestiduras reales, pues sobre ellos se extiende el borde de su manto. Tanto más se deleita en su gozo, porque los llama a entrar en él.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Isaías 40:11«en su brazo cogerá los corderos, y en su seno los llevará»

¿Quién es aquel de quien se dicen palabras tan llenas de gracia? Es el Buen Pastor. ¿Por qué lleva los corderos en su seno? Porque tiene un corazón tierno, y cualquier flaqueza derrite al punto su corazón. Los suspiros, la ignorancia, la debilidad de los pequeñitos de su rebaño sacan su compasión. Es su oficio, como fiel Sumo Sacerdote, considerar a los débiles. Además, los compró con sangre; son su propiedad: tiene que cuidar, y cuidará, de aquello que tan caro le costó. Luego es responsable de cada cordero, obligado por compromisos del pacto a no perder ni uno. Más aún, todos ellos son parte de su gloria y de su recompensa.

Pero ¿cómo hemos de entender la expresión «los llevará»? A veces los lleva no permitiéndoles soportar mucha prueba. La Providencia los trata con ternura. A menudo son «llevados» al ser llenos de un grado inusitado de amor, de modo que se sostienen y permanecen firmes. Aunque su conocimiento puede no ser profundo, tienen gran dulzura en lo que sí conocen. Con frecuencia los «lleva» dándoles una fe muy sencilla, que toma la promesa tal como está, y corre creyendo con cada tribulación derecho a Jesús. La sencillez de su fe les da un grado inusitado de confianza, que los lleva por encima del mundo.

«En su seno los llevará.» Aquí hay afecto sin límite. ¿Los pondría en su seno si no los amara mucho? Aquí hay cercanía tierna: tan cerca están, que no podrían estar más cerca. Aquí hay familiaridad sagrada: hay preciosos coloquios de amor entre Cristo y sus débiles. Aquí hay seguridad perfecta: en su seno, ¿quién puede hacerles daño? Tendrían que herir primero al Pastor. Aquí hay reposo perfecto y el más dulce consuelo. ¡Ciertamente no somos lo bastante sensibles a la infinita ternura de Jesús!

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde