13 de mayo
Mañana
Salmos 30:5«por la tarde durará el lloro, y á la mañana [vendrá] la alegría»¡Cristiano! Si estás en una noche de prueba, piensa en el mañana; alienta tu corazón con el pensamiento de la venida de tu Señor. Sé paciente, porque
¡He aquí! Viene descendiendo entre las nubes.
¡Sé paciente! El Labrador espera hasta segar su cosecha. Sé paciente, porque sabes quién ha dicho: «he aquí, yo vengo presto, y mi galardón conmigo, para recompensar á cada uno según fuere su obra.» Por muy miserable que seas ahora, recuerda
Unos pocos soles que rueden, a lo más, te pondrán en la hermosa costa de Canaán.
Tu cabeza puede estar ahora coronada de penas espinosas, pero dentro de poco llevará una corona de estrellas; tu mano puede estar llena de cuidados: pronto recorrerá las cuerdas del arpa del cielo. Tus vestiduras pueden estar ahora manchadas de polvo; dentro de poco serán blancas. Espera un poco más. ¡Ah, cuán despreciables parecerán nuestros trabajos y nuestras pruebas cuando volvamos la vista atrás hacia ellos! Mirándolos aquí en perspectiva, parecen inmensos; pero cuando lleguemos al cielo, entonces
Con transportes de gozo contaremos los trabajos de nuestros pies.
Nuestras pruebas parecerán entonces aflicciones leves y momentáneas. Sigamos adelante con denuedo; por muy oscura que sea la noche, la mañana viene, lo cual es más de lo que pueden decir quienes están encerrados en la oscuridad del infierno. ¿Sabes lo que es vivir así del porvenir, vivir de la expectación, anticipar el cielo? Feliz creyente, por tener una esperanza tan segura, tan consoladora. Puede que ahora todo sea oscuridad, pero pronto será luz; puede que ahora todo sea prueba, pero pronto será todo felicidad. ¿Qué importa que «por la tarde durará el lloro», cuando «á la mañana [vendrá] la alegría»?
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Salmos 119:57«Mi porción, oh Jehová»Mira tus posesiones, oh creyente, y compara tu porción con la suerte de tus semejantes. Algunos de ellos tienen su porción en el campo; son ricos, y sus cosechas les rinden un incremento de oro; pero ¿qué son las cosechas comparadas con tu Dios, que es el Dios de las cosechas? ¿Qué son los graneros que revientan, comparados con aquel que es el Labrador, y te alimenta con el pan del cielo? Algunos tienen su porción en la ciudad; su riqueza es abundante, y les fluye en corrientes constantes, hasta que se vuelven un verdadero depósito de oro; pero ¿qué es el oro comparado con tu Dios? No podrías vivir de él; tu vida espiritual no podría sustentarse con él. Ponlo sobre una conciencia turbada, ¿y podría aplacar sus punzadas? Aplícalo a un corazón abatido, y mira si podría detener un solo gemido, o dejar siquiera un pesar de menos. Pero tú tienes a Dios, y en él tienes más de lo que el oro o las riquezas jamás podrían comprar. Algunos tienen su porción en aquello que más aman los hombres: el aplauso y la fama; pero pregúntate: ¿no es tu Dios para ti más que eso? ¿Qué, si una miríada de clarines resonara en tu aplauso? ¿Te prepararía esto para pasar el Jordán, o te alentaría ante la perspectiva del juicio? No; hay pesares en la vida que la riqueza no puede aliviar; y está la honda necesidad de la hora de morir, para la cual ninguna riqueza puede proveer. Pero cuando tienes a Dios por tu porción, tienes más que todo lo demás junto. En él se satisface toda necesidad, sea en la vida o en la muerte. Con Dios por tu porción eres rico de veras, porque él suplirá tu necesidad, consolará tu corazón, mitigará tu dolor, guiará tus pasos, estará contigo en el valle oscuro, y luego te llevará a casa, para gozar de él como tu porción para siempre. «Harto tengo yo», dijo Esaú; esto es lo mejor que puede decir un hombre mundano, pero Jacob responde: «todo lo que hay [aquí] es mío», lo cual es una nota demasiado alta para las mentes carnales.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde