‹ Devocional

12 de mayo

Mañana

Juan 14:21«me manifestaré á él»

El Señor Jesús da a su pueblo revelaciones especiales de sí mismo. Aun si la Escritura no declarara esto, hay muchos de los hijos de Dios que podrían atestiguar la verdad de ello por su propia experiencia. Han tenido manifestaciones de su Señor y Salvador Jesucristo de un modo peculiar, como ninguna mera lectura ni el mero oír podrían proporcionar. En las biografías de santos eminentes hallarás muchos casos registrados en los cuales Jesús se ha complacido en hablar a sus almas de una manera muy especial, y en desplegar las maravillas de su persona; sí, tan empapadas de felicidad han estado sus almas, que se han creído estar en el cielo, siendo que no estaban allí, aunque sí muy cerca de su umbral: porque cuando Jesús se manifiesta a su pueblo, es el cielo en la tierra; es el paraíso en embrión; es la bienaventuranza comenzada. Las manifestaciones especiales de Cristo ejercen una santa influencia sobre el corazón del creyente. Un efecto será la humildad. Si un hombre dice: «He tenido tales y cuales comunicaciones espirituales; soy un gran hombre», no ha tenido comunión alguna con Jesús en absoluto; porque «Dios atiende al humilde; mas al altivo mira de lejos.» No necesita acercarse a ellos para conocerlos, y nunca les dará visita alguna de amor. Otro efecto será la felicidad; porque en la presencia de Dios hay deleites para siempre. La santidad seguirá de seguro. Un hombre que no tiene santidad nunca ha tenido esta manifestación. Algunos hombres profesan mucho; pero no hemos de creer a nadie, a menos que veamos que sus hechos responden a lo que dice. «No os engañéis: Dios no [puede] ser burlado.» No otorgará sus favores a los impíos: porque, así como no desechará al hombre perfecto, tampoco tendrá miramiento con el malhechor. Así habrá tres efectos de la cercanía a Jesús: humildad, felicidad y santidad. ¡Que Dios te los dé, cristiano!

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Génesis 46:3-4«no temas de descender á Egipto, porque yo te pondré allí en gran gente. Yo descenderé contigo á Egipto, y yo también te haré volver»

Jacob debió de estremecerse al pensamiento de dejar la tierra de la peregrinación de su padre, y de morar entre extraños paganos. Era una escena nueva, y que probablemente sería una de prueba: ¿quién se aventurará entre los correos de un monarca extranjero sin ansiedad? Con todo, el camino le estaba evidentemente señalado, y por eso resolvió ir. Esta es con frecuencia la posición de los creyentes ahora: son llamados a peligros y a tentaciones del todo no experimentados; en tales tiempos, que imiten el ejemplo de Jacob, ofreciendo a Dios sacrificios de oración y buscando su dirección; que no den un paso hasta haber esperado en el Señor por su bendición: entonces tendrán al compañero de Jacob por amigo y ayudador. ¡Cuán bienaventurado es tener la seguridad de que el Señor está con nosotros en todos nuestros caminos, y se digna descender con nosotros a nuestras humillaciones y a nuestros destierros! Aun más allá del océano, el amor de nuestro Padre resplandece como el sol en su fuerza. No podemos vacilar en ir adonde Jehová promete su presencia; hasta el valle de sombra de muerte se vuelve resplandeciente con el fulgor de esta seguridad. Marchando hacia adelante con fe en su Dios, los creyentes tendrán la promesa de Jacob. Serán hechos subir otra vez, sea de las aflicciones de la vida, sea de las cámaras de la muerte. La simiente de Jacob salió de Egipto a su debido tiempo, y así todos los fieles pasarán ilesos por la tribulación de la vida y el terror de la muerte. Ejercitemos la confianza de Jacob. «No temas», es el mandamiento del Señor y su divino aliento para quienes, a su mandato, se lanzan sobre mares nuevos; la presencia divina y la preservación prohíben siquiera un solo temor incrédulo. Sin nuestro Dios, temeríamos movernos; pero cuando él nos manda hacerlo, sería peligroso detenernos. Lector, sigue adelante, y no temas.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde