11 de mayo
Mañana
Mateo 28:20«yo estoy con vosotros todos los días»Bien está que haya Uno que es siempre el mismo, y que está siempre con nosotros. Bien está que haya una roca estable en medio de las olas del mar de la vida. Oh alma mía, no pongas tus afectos en tesoros oxidados, apolillados y podridos, sino pon tu corazón en aquel que permanece para siempre fiel a ti. No edifiques tu casa sobre las arenas movedizas de un mundo engañoso, sino funda tus esperanzas sobre esta roca, la cual, en medio de la lluvia que desciende y de los torrentes que rugen, permanecerá inmóvilmente segura. Alma mía, te encarezco: atesora tu tesoro en el único cofre seguro; guarda tus joyas donde nunca puedas perderlas. Pon todo lo tuyo en Cristo; pon todos tus afectos en su persona, toda tu esperanza en su mérito, toda tu confianza en su sangre eficaz, todo tu gozo en su presencia, y así podrás reírte de la pérdida y desafiar la destrucción. Recuerda que todas las flores del jardín del mundo se marchitan por turno, y viene el día en que no quedará nada sino la tierra negra y fría. El negro apagavelas de la muerte pronto ha de apagar tu vela. ¡Oh, cuán dulce es tener la luz del sol cuando la vela se ha ido! El oscuro torrente pronto ha de rodar entre ti y todo lo que tienes; desposa, pues, tu corazón con aquel que nunca te dejará; confíate a aquel que irá contigo a través de la corriente negra y embravecida del río de la muerte, y que te desembarcará a salvo en la ribera celestial, y te hará sentar con él en los lugares celestiales para siempre. Ve, hijo entristecido de la aflicción, cuenta tus secretos al Amigo que está más conjunto que un hermano. Confía todos tus asuntos a aquel que nunca puede serte arrebatado, que nunca te dejará, y que nunca permitirá que tú lo dejes, a saber, «Jesucristo [es] el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.» «He aquí, yo estoy con vosotros todos los días» basta para que mi alma viva de ello, abandóneme quien quiera.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Josué 1:7«Solamente te esfuerces, y seas muy valiente»El tierno amor de nuestro Dios para con sus siervos lo hace interesarse por el estado de sus sentimientos interiores. Desea que sean de buen ánimo. Algunos estiman cosa pequeña que un creyente sea atormentado de dudas y temores, pero Dios no piensa así. Por este texto es evidente que nuestro Maestro no quiere que estemos enredados en temores. Nos quiere sin afán, sin duda, sin cobardía. Nuestro Maestro no toma nuestra incredulidad tan a la ligera como nosotros. Cuando estamos abatidos, padecemos una dolencia grave, con la cual no se ha de jugar, sino que ha de llevarse en seguida al Médico amado. A nuestro Señor no le agrada ver nuestro semblante triste. Era ley de Asuero que nadie entrara en la corte del rey vestido de luto: esta no es la ley del Rey de reyes, pues podemos llegar de luto, tal como estamos; pero con todo quiere que nos despojemos del espíritu de pesadumbre y nos vistamos el manto de alabanza, porque hay mucha razón para regocijarnos. El hombre cristiano debe ser de espíritu valeroso, a fin de glorificar al Señor soportando las pruebas de manera heroica. Si es temeroso y pusilánime, deshonrará a su Dios. Además, ¡qué mal ejemplo es! Esta enfermedad de la duda y del desaliento es una epidemia que pronto cunde entre el rebaño del Señor. Un solo creyente abatido pone tristes a veinte almas. Además, si no se sostiene tu valor, Satanás podrá más que tú. Que tu espíritu se goce en Dios tu Salvador; el gozo de Jehová será tu fortaleza, y ningún demonio del infierno ganará terreno contra ti; pero la cobardía derriba el estandarte. Además, la labor es ligera para el hombre de espíritu alegre; y el éxito acompaña a la alegría. El hombre que se afana, gozándose en su Dios, creyendo de todo corazón, tiene el éxito asegurado. El que siembra con esperanza, con gozo segará; por tanto, querido lector, «solamente te esfuerces, y seas muy valiente.»
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde