10 de mayo
Mañana
1 Corintios 15:20«Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos»Todo el sistema del cristianismo descansa sobre el hecho de que «Cristo ha resucitado de los muertos»; porque «si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe» y «aun estáis en vuestros pecados». La divinidad de Cristo halla su prueba más segura en su resurrección, puesto que fue «declarado Hijo de Dios con potencia, según el espíritu de santidad, por la resurrección de los muertos». No sería irrazonable dudar de su deidad si él no hubiera resucitado. Además, la soberanía de Cristo depende de su resurrección, «Porque Cristo para esto murió, y resucitó, y volvió á vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.» A su vez, nuestra justificación, esa bendición escogida del pacto, está ligada a la victoria triunfante de Cristo sobre la muerte y el sepulcro; porque «fué entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación.» Aún más, nuestra misma regeneración está unida a su resurrección, porque «nos ha regenerado en esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos». Y con toda certeza nuestra resurrección final descansa aquí, porque «Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos á Jesús mora en vosotros, el que levantó á Cristo Jesús de los muertos, vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.» Si Cristo no ha resucitado, entonces nosotros no resucitaremos; pero si él ha resucitado, entonces los que están dormidos en Cristo no han perecido, sino que en su carne verán ciertamente a su Dios. Así, el hilo de plata de la resurrección corre por todas las bendiciones del creyente, desde su regeneración en adelante hasta su gloria eterna, y las ata juntas. ¡Cuán importante será, pues, este hecho glorioso en su estima, y cómo se regocijará de que, fuera de toda duda, está establecido que «Cristo ha resucitado de los muertos»!
Cumplida está la promesa, hecha está la obra de la redención, la justicia está reconciliada con la misericordia, porque Dios ha levantado a su Hijo.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Juan 1:14«(y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad»Creyente, puedes dar tu testimonio de que Cristo es el unigénito del Padre, así como el primogénito de los muertos. Puedes decir: «Él es divino para mí, aunque para todo el mundo, fuera de mí, sea humano. Ha hecho por mí lo que nadie sino un Dios podía hacer. Ha sujetado mi voluntad obstinada, ha derretido un corazón de diamante, ha abierto puertas de bronce y ha quebrado barras de hierro. Ha tornado para mí mi luto en risa, y mi desolación en gozo; ha llevado cautiva mi cautividad, y ha hecho que mi corazón se regocije con gozo inefable y glorificado. Piensen otros de él lo que quieran; para mí ha de ser el unigénito del Padre: bendito sea su nombre. Y está lleno de gracia. ¡Ah! si él no lo hubiera estado, yo jamás habría sido salvo. Él me atrajo cuando yo forcejeaba por escapar de su gracia; y cuando al fin vine, todo tembloroso, como reo condenado, a su propiciatorio, dijo: “Tus pecados, que son muchos, te son todos perdonados: confía.” Y está lleno de verdad. Verdaderas han sido sus promesas; ni una ha fallado. Doy testimonio de que nunca siervo tuvo tal amo como el que yo tengo; nunca hermano tal pariente como él ha sido para mí; nunca esposa tal esposo como Cristo ha sido para mi alma; nunca pecador un Salvador mejor; nunca quien llora un consolador mejor que el que Cristo ha sido para mi espíritu. No quiero a nadie fuera de él. En la vida él es mi vida, y en la muerte él será la muerte de la muerte; en la pobreza Cristo es mi riqueza; en la enfermedad él me hace la cama; en la oscuridad él es mi estrella, y en la claridad él es mi sol; él es el maná del campamento en el desierto, y será el grano nuevo de la hueste cuando lleguen a Canaán. Jesús es para mí toda gracia y ninguna ira, toda verdad y ninguna falsedad: y de verdad y de gracia está lleno, infinitamente lleno. Alma mía, esta noche, bendice con todo tu poder al Unigénito.»
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde