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5 de mayo

Mañana

2 Corintios 6:16«seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo»

¡Qué título tan dulce: «Mi pueblo»! ¡Qué revelación tan alentadora: «El Dios de ellos»! ¡Cuánto significado se encierra en esas dos palabras, «Mi pueblo»! Aquí hay particularidad. El mundo entero es de Dios; el cielo, aun el cielo de los cielos, es del Señor, y él reina entre los hijos de los hombres; pero de aquellos a quienes ha escogido, a quienes ha comprado para sí, dice lo que no dice de los demás: «Mi pueblo». En esta palabra está la idea de propiedad. De un modo especial, «la parte de Jehová es su pueblo; Jacob la cuerda de su heredad.» Todas las naciones sobre la tierra son suyas; el mundo entero está en su poder; con todo, su pueblo, sus escogidos, son de manera más especial su posesión; porque ha hecho más por ellos que por los demás; los ha comprado con su sangre; los ha acercado a sí mismo; ha puesto en ellos su gran corazón; los ha amado con amor eterno, un amor que las muchas aguas no pueden apagar, y que las revoluciones del tiempo nunca bastarán para disminuirlo ni en el menor grado. Queridos amigos, ¿pueden ustedes, por la fe, verse en ese número? ¿Pueden mirar al cielo y decir: «¡Señor mío, y Dios mío! Mío por esa dulce relación que me da derecho a llamarte Padre; mío por esa santificada comunión que me deleito en sostener contigo cuando te place manifestarte a mí como no te manifiestas al mundo»? ¿Puedes leer el Libro de la Inspiración, y hallar allí las escrituras de tu salvación? ¿Puedes leer tu título escrito con sangre preciosa? ¿Puedes, por una fe humilde, echar mano de las vestiduras de Jesús, y decir: «Mi Cristo»? Si puedes, entonces Dios dice de ti, y de otros como tú: «Mi pueblo»; porque, si Dios es tu Dios, y Cristo tu Cristo, el Señor tiene para ti un favor especial y peculiar; tú eres el objeto de su elección, acepto en su Hijo amado.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Proverbios 16:20«El entendido en la palabra, hallará el bien: y el que confía en Jehová, él es bienaventurado.»

La sabiduría es la verdadera fuerza del hombre; y, bajo su guía, él cumple del mejor modo los fines de su ser. Manejar con sabiduría el asunto de la vida da al hombre el goce más rico, y presenta la ocupación más noble para sus facultades; de ahí que por ella halle el bien en el sentido más pleno. Sin sabiduría, el hombre es como el pollino del asno montés, que corre de aquí para allá, malgastando una fuerza que podría emplearse con provecho. La sabiduría es la brújula con la cual el hombre ha de gobernar a través del desierto sin senda de la vida; sin ella es un navío abandonado, juguete de los vientos y de las olas. El hombre ha de ser prudente en un mundo como este, o no hallará bien alguno, sino que se verá traicionado a males sin número. El peregrino se herirá gravemente los pies entre las zarzas del bosque de la vida si no escoge sus pasos con la mayor cautela. Quien está en un desierto infestado de bandas de salteadores ha de manejar los asuntos con sabiduría si quiere viajar seguro. Si, adiestrados por el Gran Maestro, seguimos adonde él nos lleva, hallaremos el bien, aun mientras estemos en esta morada oscura; hay frutos celestiales que recoger de este lado de las enramadas del Edén, y cánticos del paraíso que cantar en medio de las arboledas de la tierra. Pero ¿dónde se hallará esta sabiduría? Muchos han soñado con ella, pero no la han poseído. ¿Dónde la aprenderemos? Escuchemos la voz del Señor, porque él ha declarado el secreto; ha revelado a los hijos de los hombres en qué reside la verdadera sabiduría, y la tenemos en el texto: «el que confía en Jehová, él es bienaventurado.» El verdadero modo de manejar un asunto con sabiduría es confiar en el Señor. Este es el hilo seguro para los laberintos más intrincados de la vida; síguelo, y hallarás la dicha eterna. Quien confía en el Señor tiene un diploma de sabiduría otorgado por inspiración: bienaventurado es ahora, y más bienaventurado será arriba. Señor, en este dulce anochecer anda conmigo en el jardín, y enséñame la sabiduría de la fe.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde