‹ Devocional

3 de mayo

Mañana

Juan 16:33«En el mundo tendréis aflicción»

¿Preguntas la razón de esto, creyente? Mira hacia arriba, a tu Padre celestial, y contémplalo puro y santo. ¿Sabes que un día has de ser como él? ¿Serás conformado a su imagen con facilidad? ¿No requerirás mucho refinamiento en el horno de la aflicción para purificarte? ¿Será cosa fácil deshacerte de tus corrupciones, y hacerte perfecto, así como tu Padre que está en los cielos es perfecto? Luego, cristiano, vuelve tu ojo hacia abajo. ¿Sabes qué enemigos tienes debajo de tus pies? Un día fuiste siervo de Satanás, y ningún rey querrá perder de buena gana a sus súbditos. ¿Piensas que Satanás te dejará en paz? No; siempre estará encima de ti, porque él «cual león rugiente, anda alrededor buscando á quien devore». Espera, pues, tribulación, cristiano, cuando mires debajo de ti. Luego mira en derredor de ti. ¿Dónde estás? Estás en país enemigo, extranjero y peregrino. El mundo no es tu amigo. Si lo es, entonces tú no eres amigo de Dios, porque el que es amigo del mundo es enemigo de Dios. Ten por seguro que hallarás adversarios por todas partes. Cuando duermas, piensa que descansas sobre el campo de batalla; cuando andes, sospecha una emboscada en cada seto. Así como se dice que los mosquitos pican a los forasteros más que a los nativos, así las pruebas de la tierra serán más agudas para ti. Por último, mira dentro de ti, en tu propio corazón, y observa lo que hay allí. El pecado y el yo siguen adentro. ¡Ah! si no tuvieras diablo que te tentara, ni enemigos que te combatieran, ni mundo que te tendiera lazo, todavía hallarías en ti mismo mal bastante para serte una penosa tribulación, porque «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso». Espera, pues, tribulación, pero no desmayes a causa de ella, porque Dios está contigo para ayudarte y para fortalecerte. Él ha dicho: «contigo estaré yo en la angustia: te libraré, y te glorificaré».

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Salmos 46:1«pronto auxilio»

Las bendiciones del pacto no están destinadas solamente a ser contempladas, sino a ser apropiadas. Aun nuestro Señor Jesús nos es dado para nuestro uso presente. Creyente, no haces uso de Cristo como debieras. Cuando estás en tribulación, ¿por qué no le cuentas todo tu dolor? ¿No tiene acaso un corazón que simpatiza, y no puede consolarte y aliviarte? No: andas acudiendo a todos tus amigos, salvo a tu mejor Amigo, y contando tu historia en todas partes, menos en el seno de tu Señor. ¿Estás cargado con los pecados de este día? Aquí hay una fuente llena de sangre: úsala, santo, úsala. ¿Ha vuelto sobre ti un sentimiento de culpa? La gracia perdonadora de Jesús puede comprobarse una y otra vez. Ven a él enseguida para la limpieza. ¿Lamentas tu debilidad? Él es tu fortaleza: ¿por qué no apoyarte en él? ¿Te sientes desnudo? Ven acá, alma; ponte el manto de la justicia de Jesús. No te quedes mirándolo, sino vístelo. Despójate de tu propia justicia, y también de tus propios temores: ponte el hermoso lino blanco, porque fue hecho para vestirlo. ¿Te sientes enfermo? ¡Tira de la campanilla nocturna de la oración, y haz levantar al Médico Amado! Él te dará el cordial que te reanime. Eres pobre, pero en cambio tienes «un pariente, varón poderoso y de hecho». ¡Cómo! ¿No irás a él, y le pedirás que te dé de su abundancia, cuando te ha dado esta promesa de que serás coheredero con él, y te ha cedido todo lo que él es y todo lo que él tiene para que sea tuyo? No hay nada que a Cristo le desagrade más que el que su pueblo haga de él un objeto de exhibición, y no lo use. A él le encanta ser empleado por nosotros. Cuantas más cargas pongamos sobre sus hombros, tanto más precioso será para nosotros.

Seamos, pues, sencillos con él, no retraídos, tiesos ni fríos, como si nuestro Belén pudiera ser lo que el Sinaí fue antiguamente.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde