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28 de abril

Mañana

Salmos 119:49«Acuérdate de la palabra [dada] á tu siervo, en la cual me has hecho esperar.»

Sea cual sea tu necesidad especial, puedes hallar fácilmente en la Biblia alguna promesa adecuada a ella. ¿Estás desmayado y débil porque tu camino es áspero y estás cansado? Aquí está la promesa: «El da esfuerzo al cansado.» Cuando leas tal promesa, devuélvela al gran Prometedor, y pídele que cumpla su propia palabra. ¿Buscas a Cristo, y tienes sed de una comunión más estrecha con él? Esta promesa brilla sobre ti como una estrella: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos.» Lleva esa promesa al trono de continuo; no alegues ninguna otra cosa, sino ve a Dios una y otra vez con esto: «Señor, tú lo has dicho; haz como has dicho.» ¿Estás angustiado a causa del pecado, y cargado con la pesada carga de tus iniquidades? Escucha estas palabras: «Yo, yo soy el que borro tus rebeliones, y no me acordaré más de tus pecados.» No tienes mérito propio que alegar para que él te perdone, pero alega sus compromisos escritos y él los cumplirá. ¿Temes no poder perseverar hasta el fin, no sea que, después de haberte tenido por hijo de Dios, resultes réprobo? Si ese es tu estado, lleva esta palabra de gracia al trono y alégala: «Los montes pueden apartarse, y los collados ser removidos, pero el pacto de mi amor no se apartará de ti.» Si has perdido el dulce sentido de la presencia del Salvador, y lo buscas con corazón dolorido, recuerda las promesas: «Tornaos á mí, y yo me tornaré á vosotros»; «Por un pequeño momento te dejé; mas te recogeré con grandes misericordias.» Banquetea tu fe con la propia palabra de Dios y, sean cuales sean tus temores o tus necesidades, acude al Banco de la Fe con el pagaré de tu Padre, diciendo: «Acuérdate de la palabra [dada] á tu siervo, en la cual me has hecho esperar.»

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Ezequiel 3:7«toda la casa de Israel son tiesos de frente, y duros de corazón.»

¿No hay excepciones? No, ni una. Aun la raza favorecida es descrita así. ¿Son tan malos los mejores? Entonces, ¿qué han de ser los peores? Ven, corazón mío, considera hasta dónde tienes parte en esta acusación universal y, mientras consideras, está dispuesto a tomar vergüenza para ti en aquello en que hayas sido culpable. La primera acusación es la impudencia, o la dureza de la frente: una falta de vergüenza santa, una osadía no santificada en el mal. Antes de mi conversión, podía pecar y no sentir compunción, oír de mi culpa y permanecer sin humillarme, y aun confesar mi iniquidad y no manifestar humillación interior a causa de ella. ¡Que un pecador vaya a la casa de Dios y pretenda orarle y alabarle arguye un descaro de la peor especie! ¡Ay!, desde el día de mi nuevo nacimiento he dudado de mi Señor en su misma cara, he murmurado sin sonrojarme en su presencia, he adorado delante de él de manera descuidada, y he pecado sin lamentarme por ello. Si mi frente no fuera como diamante, más dura que el pedernal, tendría mucho más temor santo y una contrición de espíritu mucho más honda. ¡Ay de mí!, soy uno de la casa impúdica de Israel. La segunda acusación es la dureza de corazón, y no he de atreverme a alegar inocencia aquí. Una vez no tuve sino un corazón de piedra y, aunque por gracia tengo ahora un corazón nuevo y de carne, mucho de mi antigua obstinación permanece. No me afecta la muerte de Jesús como debiera; ni me mueven la ruina de mis prójimos, la maldad de los tiempos, el castigo de mi Padre celestial y mis propios fallos, como debiera. ¡Oh, que mi corazón se derritiera al relato de los sufrimientos y de la muerte de mi Salvador! Quisiera Dios verme libre de esta piedra inferior del molino que llevo dentro, de este odioso cuerpo de muerte. Bendito sea el nombre del Señor: la enfermedad no es incurable; la sangre preciosa del Salvador es el disolvente universal, y a mí, aun a mí, me ablandará con eficacia, hasta que mi corazón se derrita como cera delante del fuego.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde