‹ Devocional

27 de abril

Mañana

Salmos 67:6«Dios, el Dios nuestro.»

Es extraño cuán poco uso hacemos de las bendiciones espirituales que Dios nos da, pero es aún más extraño cuán poco uso hacemos de Dios mismo. Aunque él es «el Dios nuestro», poco nos aplicamos a él, y poco le pedimos. ¡Cuán rara vez pedimos consejo de las manos del Señor! ¡Cuán a menudo andamos en nuestros negocios sin buscar su guía! En nuestras aflicciones, ¡cuán constantemente nos esforzamos por llevar nosotros mismos nuestras cargas, en vez de echarlas sobre el Señor, para que él nos sustente! Esto no es porque no podamos, porque el Señor parece decir: «Tuyo soy, alma; ven y haz uso de mí como quieras; puedes venir libremente a mi almacén, y cuanto más a menudo, más bienvenida.» Es culpa nuestra si no nos tomamos libertad con las riquezas de nuestro Dios. Entonces, puesto que tienes tal amigo, y él te invita, saca de él cada día. Nunca pases necesidad mientras tienes un Dios a quien ir; nunca temas ni desmayes mientras tienes a Dios para que te ayude; ve a tu tesoro y toma lo que necesites: allí está todo lo que puedas querer. Aprende la destreza divina de hacer de Dios todas las cosas para ti. Él puede suplirte de todo o, mejor aún, puede ser para ti en lugar de todo. Te insto, pues, a que hagas uso de tu Dios. Haz uso de él en la oración. Ve a él a menudo, porque él es tu Dios. Oh, ¿dejarás de usar un privilegio tan grande? Vuela a él, dile todas tus necesidades. Úsalo de continuo por la fe en todo tiempo. Si alguna providencia oscura te ha nublado, usa a tu Dios como «sol»; si algún enemigo fuerte te ha cercado, halla en Jehová un «escudo», porque sol y escudo es para su pueblo. Si has perdido el camino en los laberintos de la vida, úsalo como «guía», porque él te dirigirá. Seas lo que seas, y estés donde estés, recuerda que Dios es justamente lo que quieres, y justamente donde lo quieres, y que puede hacer todo lo que quieres.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Salmos 10:16«Jehová, Rey eterno y perpetuo»

¡Jesucristo no es un pretendiente despótico de derecho divino, sino que es real y verdaderamente el ungido del Señor! «Agradó al Padre que en él habitase toda plenitud.» Dios le ha dado toda potestad y toda autoridad. Como Hijo del hombre, es ahora cabeza sobre todas las cosas a su iglesia, y reina sobre el cielo, y la tierra, y el infierno, con las llaves de la vida y de la muerte en su cinto. Ciertos príncipes se han deleitado en llamarse reyes por la voluntad popular, y ciertamente nuestro Señor Jesucristo lo es en su iglesia. Si pudiera ponerse a votación si él debiera ser Rey en la iglesia, todo corazón creyente lo coronaría. ¡Oh, que pudiéramos coronarlo más gloriosamente de lo que lo hacemos! No contaríamos gasto alguno por perdido si pudiera glorificar a Cristo. El sufrimiento sería placer, y la pérdida sería ganancia, si con ello pudiéramos rodear su frente de coronas más brillantes y hacerlo más glorioso a los ojos de los hombres y de los ángeles. Sí, él reinará. ¡Viva el Rey! ¡Salve a ti, Rey Jesús! Salgan, almas vírgenes que aman a su Señor, póstrense a sus pies, alfombren su camino con los lirios de su amor y las rosas de su gratitud:

Traigan la diadema real, y corónenlo Señor de todo.

Además, nuestro Señor Jesús es Rey en Sión por derecho de conquista: ha tomado y llevado por asalto los corazones de su pueblo, y ha muerto a sus enemigos que los tenían en cruel servidumbre. En el mar Rojo de su propia sangre, nuestro Redentor ha ahogado al Faraón de nuestros pecados: ¿no será Rey en Jeshurun? Nos ha librado del yugo de hierro y de la pesada maldición de la ley: ¿no será coronado el Libertador? Somos su porción, a la cual ha tomado de la mano del Amorrheo con su espada y con su arco: ¿quién arrebatará su conquista de su mano? ¡Salve, Rey Jesús! De buena gana reconocemos tu suave señorío. Reina en nuestros corazones para siempre, tú, amable Príncipe de paz.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde