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25 de abril

Mañana

Cantares 2:10«Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y vente.»

¡He aquí, oigo la voz de mi Amado! ¡Me habla! El buen tiempo sonríe sobre el rostro de la tierra, y él no quiere que yo esté espiritualmente dormido mientras la naturaleza en torno a mí despierta de su descanso invernal. Me manda «Levántate», y bien puede; porque bastante tiempo he estado echado entre los tiestos del mundanalismo. Él ha resucitado, yo he resucitado en él: ¿por qué, pues, he de pegarme al polvo? De amores, deseos, afanes y aspiraciones más bajos, quisiera levantarme hacia él. Me llama por el dulce título de «amiga mía», y me tiene por hermosa; este es un buen argumento para que yo me levante. Si él me ha ensalzado así, y me tiene por tan graciosa, ¿cómo puedo detenerme en las cabañas de Cedar y hallar compañeros afines entre los hijos de los hombres? Me manda «vente». Más y más lejos de todo lo egoísta, lo rastrero, lo mundano, lo pecaminoso, me llama; sí, del mundo exteriormente religioso que no lo conoce y no tiene simpatía con el misterio de la vida más alta, me llama. «Vente» no tiene sonido áspero en mi oído, porque ¿qué hay que me retenga en este desierto de vanidad y de pecado? Oh Señor mío, ojalá pudiera venirme, pero estoy presa entre las espinas y no puedo escapar de ellas como quisiera. Quisiera, si fuera posible, no tener ojos, ni oídos, ni corazón para el pecado. Tú me llamas a ti mismo diciendo «vente», y este es en verdad un llamamiento melodioso. Venir a ti es volver a casa del exilio, llegar a tierra saliendo de la tormenta que ruge, venir al reposo después de largo trabajo, llegar a la meta de mis deseos y a la cumbre de mis anhelos. Pero, Señor, ¿cómo puede levantarse una piedra, cómo puede un terrón de barro venirse del horrible pozo? Oh, levántame, tírame. Tu gracia puede hacerlo. Envía tu Espíritu Santo a encender llamas sagradas de amor en mi corazón, y seguiré levantándome hasta dejar atrás la vida y el tiempo, y de veras venirme.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Apocalipsis 3:20«si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré á él»

¿Cuál es tu deseo esta tarde? ¿Está puesto en las cosas celestiales? ¿Anhelas gozar la alta doctrina del amor eterno? ¿Deseas libertad en una comunión muy estrecha con Dios? ¿Aspiras a conocer las alturas, y las profundidades, y las longitudes, y las anchuras? Entonces has de acercarte a Jesús; has de obtener una vista clara de él en su preciosidad y su plenitud; has de mirarlo en su obra, en sus oficios, en su persona. Quien entiende a Cristo recibe una unción del Santo, por la cual conoce todas las cosas. Cristo es la gran llave maestra de todas las cámaras de Dios; no hay tesorería de Dios que no se abra y entregue toda su riqueza al alma que vive cerca de Jesús. ¿Estás diciendo: «Oh, que él morara en mi seno»? ¿«Ojalá hiciera de mi corazón su morada para siempre»? Abre la puerta, amado, y él entrará en tu alma. Hace mucho que está llamando, y todo con este objeto: que cene contigo, y tú con él. Él cena contigo porque tú hallas la casa o el corazón, y tú con él porque él trae la provisión. No podría cenar contigo si no fuera en tu corazón, hallando tú la casa; ni podrías cenar con él, porque tienes la alacena vacía, si él no trajera consigo la provisión. Abre, pues, de par en par los portales de tu alma. Él vendrá con aquel amor que anhelas sentir; vendrá con aquel gozo en el cual no puedes hacer trabajar tu pobre espíritu deprimido; traerá la paz que ahora no tienes; vendrá con sus frascos de vino y dulces manzanas de amor, y te animará hasta que no tengas otra enfermedad que la del «amor que avasalla, amor divino.» Solo ábrele la puerta, echa fuera a sus enemigos, dale las llaves de tu corazón, y él morará allí para siempre. ¡Oh amor maravilloso, que trae tal huésped a morar en tal corazón!

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde