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24 de abril

Mañana

Nehemías 9:38«A causa pues de todo eso nosotros hacemos fiel alianza»

Hay muchas ocasiones en nuestra experiencia en que podemos, con mucha razón y con provecho, renovar nuestro pacto con Dios. Después de la recuperación de una enfermedad, cuando, como Ezequías, se nos ha añadido un nuevo plazo de años a nuestra vida, podemos hacerlo con propiedad. Después de cualquier liberación de la aflicción, cuando nuestros gozos brotan de nuevo, visitemos otra vez el pie de la cruz y renovemos nuestra consagración. Especialmente hagámoslo después de cualquier pecado que haya contristado al Espíritu Santo, o haya traído deshonra sobre la causa de Dios; miremos entonces a aquella sangre que puede hacernos más blancos que la nieve, y ofrezcámonos otra vez al Señor. No solo debiéramos dejar que nuestras aflicciones confirmen nuestra dedicación a Dios, sino que nuestra prosperidad debiera hacer lo mismo. Si alguna vez hallamos ocasiones que merezcan llamarse «misericordias que coronan», entonces, de seguro, si él nos ha coronado, nosotros también debiéramos coronar a nuestro Dios; saquemos de nuevo todas las joyas de la regalia divina que han estado guardadas en el joyero de nuestro corazón, y dejemos que nuestro Dios se siente sobre el trono de nuestro amor, ataviado de vestidura real. Si aprendiéramos a aprovecharnos de nuestra prosperidad, no necesitaríamos tanta adversidad. Si recogiéramos de un beso todo el bien que pudiera conferirnos, no padeceríamos tan a menudo bajo la vara. ¿Hemos recibido últimamente alguna bendición que poco esperábamos? ¿Ha puesto el Señor nuestros pies en anchura? ¿Podemos cantar de misericordias multiplicadas? Entonces este es el día de poner nuestra mano sobre los cuernos del altar y decir: «Átame aquí, Dios mío; átame aquí con cuerdas, para siempre.» Puesto que necesitamos el cumplimiento de promesas nuevas de parte de Dios, ofrezcamos oraciones renovadas para que nuestros votos antiguos no sean deshonrados. Hagamos esta mañana con él una alianza fiel, a causa de los dolores de Jesús que durante el mes pasado hemos estado considerando con gratitud.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Cantares 2:12«Hanse mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción es venido, y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola»

Dulce es la estación de la primavera: el invierno largo y lóbrego nos ayuda a apreciar su calor benigno, y su promesa de verano realza sus deleites presentes. Después de períodos de depresión del espíritu, es deleitable contemplar de nuevo la luz del Sol de justicia; entonces nuestras gracias adormecidas se levantan de su letargo, como el azafrán y el narciso de sus lechos de tierra; entonces nuestro corazón se alegra con notas deliciosas de gratitud, mucho más melodiosas que el trino de las aves, y la seguridad consoladora de la paz, infinitamente más deleitable que la nota de la tórtola, se oye dentro del alma. Ahora es el tiempo de que el alma busque comunión con su Amado; ahora ha de levantarse de su sordidez nativa y venirse de sus antiguas compañías. Si no izamos la vela cuando la brisa es favorable, seremos culpables: los tiempos de refrigerio no debieran pasar sobre nosotros sin aprovechamiento. Cuando Jesús mismo nos visita con ternura y nos ruega que nos levantemos, ¿podemos ser tan bajos como para rehusar su petición? Él mismo ha resucitado para tirar de nosotros en pos de él; ahora, por su Espíritu Santo, nos ha reavivado para que, en novedad de vida, subamos a los lugares celestiales y tengamos comunión con él. Bástenos nuestro estado invernal para la frialdad y la indiferencia; cuando el Señor crea una primavera dentro, fluya nuestra savia con vigor, y florezca nuestra rama con alto propósito. Oh Señor, si no es tiempo de primavera en mi corazón frío, te ruego que lo hagas así, porque estoy de corazón cansado de vivir a distancia de ti. ¡Oh el invierno largo y lóbrego! ¿cuándo le pondrás fin? ¡Ven, Espíritu Santo, y renueva mi alma! ¡Vivifícame! Restáurame, y ten misericordia de mí. Esta misma noche quisiera implorar con fervor al Señor que se compadezca de su siervo y me envíe un feliz avivamiento de vida espiritual.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde