22 de abril
Mañana
Hechos 5:31«A éste ha Dios ensalzado»Jesús, nuestro Señor, una vez crucificado, muerto y sepultado, se sienta ahora sobre el trono de la gloria. El lugar más alto que el cielo ofrece es suyo por derecho indiscutido. Es dulce recordar que la exaltación de Cristo en el cielo es una exaltación representativa. Está ensalzado a la diestra del Padre y, aunque como Jehová tenía glorias eminentes en las cuales las criaturas finitas no pueden participar, con todo, como Mediador, los honores que Jesús lleva en el cielo son la heredad de todos los santos. Es deleitable reflexionar cuán estrecha es la unión de Cristo con su pueblo. Somos de hecho uno con él; somos miembros de su cuerpo; y su exaltación es nuestra exaltación. Nos dará sentarnos en su trono, así como él ha vencido y se ha sentado con su Padre en su trono; él tiene una corona, y nos da coronas también; tiene un trono, pero no se contenta con tener un trono para sí: a su diestra ha de estar su reina, ataviada con «oro de Ophir.» No puede ser glorificado sin su esposa. Mira arriba, creyente, a Jesús ahora; deja que el ojo de tu fe lo contemple con muchas coronas sobre su cabeza; y recuerda que un día serás semejante a él, cuando lo veas como él es; no serás tan grande como él es, no serás tan divino, pero aun así, en cierta medida, compartirás los mismos honores, y gozarás la misma felicidad y la misma dignidad que él posee. Conténtate con vivir desconocido por un poco de tiempo, y con andar tu camino fatigoso por los campos de la pobreza, o colina arriba de la aflicción; porque dentro de poco reinarás con Cristo, porque él «nos ha hecho reyes y sacerdotes» para Dios, «y reinaremos» para siempre jamás. ¡Oh pensamiento maravilloso para los hijos de Dios! Tenemos a Cristo por nuestro representante glorioso en las cortes del cielo ahora, y pronto vendrá y nos recibirá a sí mismo, para estar con él allí, para contemplar su gloria y para compartir su gozo.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Salmos 91:5«No tendrás temor de espanto nocturno»¿Qué es este espanto? Puede ser el grito de fuego, o el ruido de ladrones, o apariciones imaginadas, o el alarido de una enfermedad o una muerte repentinas. Vivimos en el mundo de la muerte y del dolor; podemos, pues, esperar males tanto en las vigilias de la noche como bajo el resplandor del sol que abrasa. Ni debe esto alarmarnos, porque sea el espanto lo que sea, la promesa es que el creyente no temerá. ¿Por qué habría de temer? Pongámoslo más de cerca: ¿por qué habríamos de temer nosotros? Dios nuestro Padre está aquí, y estará aquí a lo largo de las horas solitarias; es un Vigilante todopoderoso, un Guardián que no duerme, un Amigo fiel. Nada puede suceder sin su dirección, porque aun el infierno mismo está bajo su control. Las tinieblas no son oscuras para él. Ha prometido ser muro de fuego en derredor de su pueblo, ¿y quién puede romper tal barrera? Los mundanos bien pueden temer, porque tienen un Dios airado encima de ellos, una conciencia culpable dentro de ellos y un infierno que abre la boca debajo de ellos; pero nosotros, que descansamos en Jesús, somos salvos de todo esto por rica misericordia. Si cedemos a un temor necio, deshonraremos nuestra profesión y llevaremos a otros a dudar de la realidad de la piedad. Debiéramos temer el tener miedo, no sea que contristemos al Espíritu Santo por una desconfianza necia. Abajo, pues, presentimientos lúgubres y aprensiones sin fundamento: Dios no ha olvidado el tener misericordia, ni ha encerrado sus piedades; puede ser noche en el alma, pero no hace falta que haya espanto, porque el Dios de amor no cambia. Los hijos de luz pueden andar en tinieblas, pero no por eso son desechados; antes bien, ahora se les capacita para probar su adopción confiando en su Padre celestial como no pueden hacerlo los hipócritas.
Aunque la noche sea oscura y triste, la oscuridad no puede esconderse de ti; tú eres aquel que, sin cansarse jamás, velas donde está tu pueblo.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde