21 de abril
Mañana
Job 19:25«Yo sé que mi Redentor vive»La médula del consuelo de Job está en aquella palabrita «mi» —«mi Redentor»— y en el hecho de que el Redentor vive. ¡Oh, asirse de un Cristo vivo! Hemos de tener una propiedad en él antes de poder gozarlo. ¿Qué es para mí el oro en la mina? Hay hombres mendigos en el Perú, y mendigan su pan en California. Es el oro en mi bolsa el que satisfará mis necesidades, comprando el pan que necesito. Así, un Redentor que no me redime, un vengador que nunca se levantará por mi sangre, ¿de qué servirían? No descanses contento hasta que por la fe puedas decir: «Sí, me echo sobre mi Señor vivo; y él es mío.» Puede ser que lo sostengas con mano débil; que a medias pienses que es presunción decir: «Vive como mi Redentor»; con todo, recuerda: si no tienes sino fe como un grano de mostaza, esa fe pequeña te da derecho a decirlo. Pero hay también aquí otra palabra, expresiva de la confianza fuerte de Job: «Yo sé.» Decir «así lo espero, así lo confío» es consolador; y hay millares en el redil de Jesús que apenas llegan mucho más lejos. Pero para alcanzar la esencia del consuelo has de decir: «Yo sé.» Los «si», los «pero» y los «quizá» son asesinos seguros de la paz y del consuelo. Las dudas son cosas lóbregas en tiempos de dolor. ¡Como avispas pican el alma! Si tengo alguna sospecha de que Cristo no es mío, entonces hay vinagre mezclado con la hiel de la muerte; pero si sé que Jesús vive por mí, entonces las tinieblas no son oscuras: aun la noche resplandece en torno a mí. Ciertamente, si Job, en aquellas edades antes de la venida y el advenimiento de Cristo, pudo decir «Yo sé», nosotros no debiéramos hablar con menos certeza. Dios no quiera que nuestra certeza sea presunción. Veamos que nuestras evidencias estén rectas, no sea que edifiquemos sobre una esperanza sin fundamento; y luego no nos contentemos con el mero cimiento, porque es desde los aposentos altos de donde se obtiene la perspectiva más ancha. Un Redentor vivo, verdaderamente mío, es gozo inefable.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Romanos 8:34«quien además está á la diestra de Dios»Aquel que una vez fue despreciado y desechado entre los hombres ocupa ahora la posición honorable de un Hijo amado y honrado. La diestra de Dios es el lugar de majestad y de favor. Nuestro Señor Jesús es el representante de su pueblo. Cuando murió por ellos, tuvieron reposo; resucitó por ellos, tuvieron libertad; cuando se sentó a la diestra de su Padre, tuvieron favor, y honor, y dignidad. El levantar y la elevación de Cristo es la elevación, la aceptación y el entronizamiento, la glorificación de todo su pueblo, porque él es su cabeza y representante. Este sentarse a la diestra de Dios, pues, ha de verse como la aceptación de la persona del Fiador, la recepción del Representante y, por tanto, la aceptación de nuestras almas. Oh santo, ve en esto tu libertad segura de condenación. «¿Quién es el que condenará?» ¿Quién condenará a los hombres que están en Jesús a la diestra de Dios?
La diestra es el lugar del poder. Cristo a la diestra de Dios tiene toda potestad en el cielo y en la tierra. ¿Quién peleará contra el pueblo que tiene tal poder depositado en su Capitán? Oh alma mía, ¿qué puede destruirte si la Omnipotencia es tu ayudadora? Si la égida del Todopoderoso te cubre, ¿qué espada puede herirte? Descansa segura. Si Jesús es tu Rey que prevalece en todo, y ha hollado a tus enemigos bajo sus pies; si el pecado, la muerte y el infierno son todos vencidos por él, y tú estás representado en él, por ninguna posibilidad puedes ser destruido.
El nombre tremendo de Jesús pone en fuga a todos nuestros enemigos: Jesús, el manso, el Cordero airado, es León en la pelea.
Resistido por toda la hueste del infierno, derribamos toda la hueste del infierno; y, venciéndolos por la sangre de Jesús, seguimos yendo a vencer.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde