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4 de abril

Mañana

2 Corintios 5:21«Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.»

¡Cristiano que lloras! ¿por qué lloras? ¿Lloras por tus propias corrupciones? Mira a tu Señor perfecto, y recuerda: estás cumplido en él; eres a los ojos de Dios tan perfecto como si nunca hubieras pecado; es más, el Señor, justicia nuestra, te ha puesto un vestido divino, de modo que tienes más que la justicia del hombre: tienes la justicia de Dios. Oh tú que lloras a causa del pecado innato y de la depravación, recuerda: ninguno de tus pecados puede condenarte. Has aprendido a aborrecer el pecado; pero has aprendido también a saber que el pecado no es tuyo: fue puesto sobre la cabeza de Cristo. Tu posición no está en ti mismo: está en Cristo; tu aceptación no está en ti mismo, sino en tu Señor; eres tan acepto a Dios hoy, con toda tu pecaminosidad, como lo serás cuando estés delante de su trono, libre de toda corrupción. Oh, te ruego que eches mano de este pensamiento precioso: ¡la perfección en Cristo! Porque «en él estáis cumplidos». Con el vestido de tu Salvador puesto, eres santo como el Santo. «¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, quien además está á la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.» Cristiano, que tu corazón se regocije, porque eres «acepto en el Amado»: ¿qué has de temer? Que tu rostro lleve siempre una sonrisa; vive cerca de tu Maestro; vive en los arrabales de la Ciudad Celestial; porque pronto, cuando haya llegado tu hora, te levantarás donde está sentado tu Jesús, y reinarás a su diestra; y todo esto porque el Señor divino obró así: «Al que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.»

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Isaías 2:3«Venid, y subamos al monte de Jehová»

Es sobremanera provechoso para nuestras almas subir por encima de este presente siglo malo hacia algo más noble y mejor. Los afanes de este mundo y el engaño de las riquezas suelen ahogar todo lo bueno que hay en nosotros, y nos volvemos irritables, desalentados, quizá soberbios y carnales. Nos conviene cortar estas espinas y estos abrojos, pues la semilla celestial sembrada entre ellos no es probable que dé cosecha; ¿y dónde hallaremos una hoz mejor con que cortarlos que la comunión con Dios y las cosas del reino? En los valles de Suiza, muchos de los habitantes están deformados, y todos tienen un aspecto enfermizo, porque la atmósfera está cargada de miasmas, y es cerrada y estancada; pero allá arriba, en el monte, hallas una raza recia, que respira el aire claro y fresco tal como sopla desde las nieves vírgenes de las cumbres alpinas. Bien les iría a los moradores del valle si con frecuencia dejaran sus moradas entre los pantanos y las nieblas de la fiebre, y aspiraran el elemento tonificante sobre los collados. A una hazaña así de escalada te invito esta tarde. Que el Espíritu de Dios nos ayude a dejar las nieblas del temor y las fiebres de la ansiedad, y todos los males que se juntan en este valle de la tierra, y a subir los montes del gozo y de la bienaventuranza anticipados. ¡Que Dios el Espíritu Santo corte las cuerdas que nos retienen aquí abajo, y nos ayude a subir! Con demasiada frecuencia estamos sentados como águilas encadenadas, sujetas a la roca, solo que, a diferencia del águila, empezamos a amar nuestra cadena y, si de veras llegara la prueba, tal vez nos resistiríamos a que se rompiera. Que Dios nos conceda ahora gracia, si no podemos escapar de la cadena en cuanto a nuestra carne, para hacerlo al menos en cuanto a nuestros espíritus; y dejando el cuerpo, como un siervo, al pie del collado, que nuestra alma, como Abraham, alcance la cumbre del monte, para entregarse allí a la comunión con el Altísimo.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde