3 de abril
Mañana
Juan 19:16«Y tomaron á Jesús, y le llevaron.»Había estado toda la noche en agonía; había pasado la madrugada en la sala de Caifás; había sido llevado de prisa de Caifás a Pilato, de Pilato a Herodes, y de Herodes otra vez a Pilato; le quedaba, por tanto, poca fuerza, y con todo no se le permitió ni refrigerio ni descanso. Estaban ávidos de su sangre, y por eso lo sacaron para morir, cargado con la cruz. ¡Oh procesión dolorosa! Bien pueden llorar las hijas de Salem. Alma mía, llora tú también.
¿Qué aprendemos aquí al ver a nuestro bendito Señor sacado fuera? ¿No percibimos aquella verdad que fue presentada en sombra por el macho cabrío? ¿No traía el sumo sacerdote el macho cabrío, y ponía ambas manos sobre su cabeza, confesando los pecados del pueblo, para que así aquellos pecados fueran puestos sobre el macho cabrío y cesaran del pueblo? Luego el macho cabrío era llevado por un hombre destinado para ello al desierto, y se llevaba los pecados del pueblo, de modo que si se los buscaba no podían hallarse. Ahora vemos a Jesús traído ante los sacerdotes y los gobernantes, que lo pronuncian culpable; Dios mismo le imputa nuestros pecados: «Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros»; «hizo pecado por nosotros»; y, como sustituto de nuestra culpa, llevando nuestro pecado sobre sus hombros, representado por la cruz, vemos al gran macho cabrío llevado por los oficiales designados de la justicia. Amados, ¿pueden sentir la seguridad de que él llevó su pecado? Al mirar la cruz sobre sus hombros, ¿representa ella su pecado? Hay un modo por el cual pueden decir si él llevó su pecado o no. ¿Han puesto su mano sobre su cabeza, confesado su pecado y confiado en él? Entonces su pecado no está sobre ustedes; todo ha sido transferido por bendita imputación a Cristo, y él lo lleva sobre su hombro como una carga más pesada que la cruz.
No dejen que el cuadro se desvanezca hasta que se hayan gozado en su propia liberación y hayan adorado al Redentor amoroso sobre quien fueron puestas sus iniquidades.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Isaías 53:6«Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.»Aquí, una confesión de pecado común a todo el pueblo escogido de Dios. Todos han caído y, por tanto, en coro común, todos dicen, desde el primero que entró en el cielo hasta el último que allí ha de entrar: «Todos nosotros nos descarriamos como ovejas.» La confesión, siendo así unánime, es también especial y particular: «cada cual se apartó por su camino.» Hay una pecaminosidad peculiar en cada uno de los individuos; todos son pecadores, pero cada uno con alguna agravación especial que no se halla en su compañero. Es la marca del arrepentimiento genuino que, mientras por naturaleza se asocia con otros penitentes, toma también una posición de soledad. «Cada cual se apartó por su camino» es una confesión de que cada hombre había pecado contra una luz peculiar a sí mismo, o había pecado con una agravación que no podía percibir en los demás. Esta confesión es sin reserva; no hay una palabra que reste fuerza a su vigor, ni una sílaba a modo de excusa. La confesión es un abandono de todos los alegatos de justicia propia. Es la declaración de hombres que son conscientemente culpables: culpables con agravaciones, culpables sin excusa. Están en pie con sus armas de rebelión hechas pedazos, y claman: «Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino.» Con todo, no oímos lamentos dolorosos que acompañen esta confesión de pecado, pues la frase siguiente casi la convierte en un cántico: «Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.» Es la más grave de las tres frases, pero rebosa de consuelo. Extraño es que donde se concentró la miseria reinara la misericordia; donde la tristeza llegó a su clímax, las almas cansadas hallan reposo. El Salvador molido es la sanidad de los corazones molidos. ¡Mira cómo la penitencia más humilde da lugar a una confianza segura por el solo hecho de contemplar a Cristo en la cruz!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde