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29 de marzo

Mañana

Hebreos 5:8«aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia»

Se nos dice que el autor de la salud fue consumado por aflicciones; por tanto, nosotros, que somos pecadores y que estamos lejos de ser perfectos, no hemos de extrañarnos si se nos llama a pasar también por el padecimiento. ¿Ha de ser coronada de espinas la cabeza, y han de ser mecidos los demás miembros del cuerpo en el regazo delicado de la comodidad? ¿Ha de pasar Cristo por mares de su propia sangre para ganar la corona, y hemos de caminar nosotros al cielo con los pies enjutos, en pantuflas de plata? No: la experiencia de nuestro Maestro nos enseña que el padecimiento es necesario, y el hijo de Dios, nacido de verdad, no debe escapar de él, ni querría, aunque pudiera. Pero hay un pensamiento muy consolador en el hecho de que Cristo haya sido «consumado por aflicciones»: que él puede tener con nosotros una simpatía completa. «No tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas». En esta simpatía de Cristo hallamos un poder que sostiene. Uno de los primeros mártires dijo: «Puedo soportarlo todo, porque Jesús padeció, y ahora padece en mí; simpatiza conmigo, y esto me hace fuerte.» Creyente, aférrate a este pensamiento en todo tiempo de agonía. Que el pensamiento de Jesús te fortalezca mientras sigues sus pisadas. Halla un dulce sostén en su simpatía; y recuerda que padecer es cosa honrosa: padecer por Cristo es gloria. Los apóstoles se regocijaron de que se les tuviera por dignos de hacer esto. En la medida misma en que el Señor nos dé gracia para padecer por Cristo, para padecer con Cristo, en esa medida nos honra. Las joyas de un cristiano son sus aflicciones. Las insignias reales de los reyes a quienes Dios ha ungido son sus tribulaciones, sus tristezas y sus pesares. No rehuyamos, pues, el ser honrados. No nos apartemos de ser exaltados. Los pesares nos exaltan, y las tribulaciones nos levantan. «Si sufrimos, también reinaremos con él.»

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Cantares 5:6«llamélo, y no me respondió.»

La oración a veces aguarda, como una suplicante a la puerta, hasta que el Rey sale para llenarle el seno con las bendiciones que busca. El Señor, cuando ha dado una gran fe, ha solido probarla con largas dilaciones. Ha permitido que las voces de sus siervos resonaran en sus propios oídos, como desde un cielo de bronce. Han llamado a la puerta de oro, pero esta ha permanecido inmóvil, como si estuviera herrumbrosa en sus goznes. Como Jeremías, han clamado: «Te cubriste de nube, porque no pasase la oración nuestra.» Así los santos verdaderos han seguido largo tiempo en espera paciente, sin respuesta; no porque sus oraciones no fueran vehementes, ni porque no fueran aceptadas, sino porque así le agradó a aquel que es Soberano, y que da según su propio beneplácito. Si le place ordenar que nuestra paciencia se ejercite, ¿no hará él lo que quiera con lo suyo? El que mendiga no ha de escoger: ni el tiempo, ni el lugar, ni la forma. Pero hemos de cuidar de no tomar por negaciones las demoras de la oración: las letras de Dios a largo plazo serán honradas puntualmente; no hemos de dejar que Satanás sacuda nuestra confianza en el Dios de verdad, señalando nuestras oraciones sin respuesta. Las peticiones no respondidas no están sin oír. Dios guarda un archivo de nuestras oraciones: no se las lleva el viento; están atesoradas en el archivo del Rey. Este es un registro en el tribunal del cielo, donde queda asentada cada oración. Creyente probado, tu Señor tiene una redoma de lágrimas, en la cual se guardan las gotas costosas del dolor sagrado, y un libro en el cual están contados tus gemidos santos. Dentro de poco, tu causa prevalecerá. ¿No puedes contentarte con esperar un poco? ¿No será el tiempo de tu Señor mejor que el tuyo? Dentro de poco aparecerá él, consolador, para gozo de tu alma, y te hará dejar el saco y la ceniza de la larga espera, y vestir la escarlata y el lino fino del pleno disfrute.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde