30 de marzo
Mañana
Isaías 53:12«fué contado con los perversos»¿Por qué se dejó Jesús inscribir entre los pecadores? Esta admirable condescendencia se justificaba por muchas razones poderosas. Con tal carácter, tanto mejor podía llegar a ser abogado de ellos. En algunos juicios hay una identificación del letrado con el cliente, y a los ojos de la ley no se les puede mirar como separados el uno del otro. Ahora bien, cuando el pecador es traído a la barra, Jesús comparece allí en persona. Está en pie para responder a la acusación. Señala su costado, sus manos, sus pies, y desafía a la Justicia a que presente algo contra los pecadores a quienes representa; alega su sangre, y alega de manera tan triunfante, contado con ellos y teniendo parte con ellos, que el Juez proclama: «Déjenlos ir por su camino; líbrenlos de descender al sepulcro, porque él ha hallado redención». Nuestro Señor Jesús «fué contado con los perversos», a fin de que ellos sintieran sus corazones atraídos hacia él. ¿Quién puede temer a uno que está escrito en la misma lista que nosotros? Ciertamente podemos acercarnos a él con denuedo, y confesar nuestra culpa. Quien está contado con nosotros no puede condenarnos. ¿No fue acaso asentado en la lista de los perversos, para que nosotros fuéramos escritos en el rollo rojo de los santos? Él era santo, y estaba escrito entre los santos; nosotros éramos culpables, y estábamos contados entre los culpables; él transfiere su nombre de aquella lista a este pliego negro de acusación, y nuestros nombres son quitados de la acusación y escritos en el rollo de la aceptación, porque entre Jesús y su pueblo se ha hecho un traspaso completo. Todo nuestro caudal de miseria y de pecado lo ha tomado Jesús; y todo lo que Jesús tiene viene a nosotros. Su justicia, su sangre, y todo cuanto él tiene, nos lo da como dote. Regocíjate, creyente, en tu unión con aquel que «fué contado con los perversos»; y prueba que eres verdaderamente salvo, siendo contado de manera manifiesta con los que son nuevas criaturas en él.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Lamentaciones 3:40«Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos á Jehová.»La esposa que ama entrañablemente a su marido ausente anhela que él vuelva; una separación larga y dilatada de su señor es una media muerte para su espíritu: y así ocurre con las almas que aman mucho al Salvador: han de ver su rostro; no pueden soportar que él esté lejos, sobre los montes de Bether, y ya no tenga comunión con ellas. Una mirada de reproche, un dedo levantado, será cosa penosa para los hijos que aman, que temen ofender a su tierno padre, y que solo son dichosos en su sonrisa. Amado, así fue una vez contigo. Un texto de la Escritura, una amenaza, un toque de la vara de la aflicción, y fuiste a los pies de tu Padre, clamando: «hazme entender por qué pleiteas conmigo». ¿Es así ahora? ¿Estás contento de seguir a Jesús de lejos? ¿Puedes contemplar sin alarma una comunión en suspenso con Cristo? ¿Puedes soportar que tu Amado ande en oposición a ti, porque tú andas en oposición a él? ¿Han hecho tus pecados división entre ti y tu Dios, y está tu corazón en reposo? Oh, deja que te amoneste con afecto, porque es cosa grave que podamos vivir contentos sin el goce presente del rostro del Salvador. Esforcémonos por sentir qué cosa tan mala es esta: poco amor a nuestro propio Salvador moribundo, poco gozo en nuestro precioso Jesús, poca comunión con el Amado. Guarda una verdadera cuaresma en tu alma, mientras te dueles de la dureza de tu corazón. ¡No te detengas en el dolor! Recuerda dónde recibiste primero la salvación. Ve enseguida a la cruz. Allí, y solo allí, puede ser avivado tu espíritu. No importa cuán duros, cuán insensibles, cuán muertos hayamos llegado a estar: volvamos otra vez con todos los harapos, y la pobreza, y la inmundicia de nuestra condición natural. Abracemos aquella cruz, miremos dentro de aquellos ojos lánguidos, bañémonos en aquella fuente llena de sangre: esto nos devolverá nuestro primer amor; esto restaurará la sencillez de nuestra fe, y la ternura de nuestro corazón.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde