28 de marzo
Mañana
Efesios 3:19«el amor de Cristo, que excede á todo conocimiento»El amor de Cristo, en su dulzura, su plenitud, su grandeza, su fidelidad, excede toda comprensión humana. ¿Dónde se hallará lenguaje que describa su amor sin igual, sin paralelo, hacia los hijos de los hombres? Es tan vasto y sin límites que, así como la golondrina apenas roza el agua y no se zambulle en sus profundidades, así todas las palabras que lo describen apenas tocan la superficie, mientras debajo yacen profundidades inmensurables. Bien pudo decir el poeta:
¡Oh amor, tú, abismo insondable!
porque este amor de Cristo es en verdad sin medida e insondable; nadie puede alcanzarlo. Antes de que podamos tener idea recta alguna del amor de Jesús, hemos de entender su gloria anterior, en su altura de majestad, y su encarnación sobre la tierra, en todas sus profundidades de vergüenza. Pero ¿quién puede decirnos la majestad de Cristo? Cuando estaba entronizado en los cielos más altos, era Dios verdadero de Dios verdadero; por él fueron hechos los cielos, y todas sus huestes. Su propio brazo todopoderoso sostenía las esferas; las alabanzas de los querubines y de los serafines lo rodeaban perpetuamente; el coro pleno de los aleluyas del universo fluía sin cesar hasta el pie de su trono: reinaba supremo sobre todas sus criaturas, Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. ¿Quién puede decir, entonces, la altura de su gloria? Y ¿quién, por otra parte, puede decir cuán bajo descendió? Ser hombre era algo; ser varón de dolores era mucho más; sangrar, y morir, y padecer: esto era mucho para aquel que era el Hijo de Dios; pero padecer una agonía tan sin igual —soportar una muerte de vergüenza y el abandono de su Padre—, esta es una profundidad de amor condescendiente que la mente más inspirada ha de fracasar por completo en sondear. ¡En esto consiste el amor! Y en verdad es amor que «excede á todo conocimiento». ¡Oh, que este amor llene nuestros corazones de gratitud adoradora, y nos lleve a manifestaciones prácticas de su poder!
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Ezequiel 20:41«En olor de suavidad os aceptaré»Los méritos de nuestro gran Redentor son como olor de suavidad para el Altísimo. Ya hablemos de la justicia activa o de la pasiva de Cristo, hay una fragancia igual. Hubo olor de suavidad en su vida activa, por la cual honró la ley de Dios, e hizo relucir cada precepto como joya preciosa en el engaste puro de su propia persona. Tal fue también su obediencia pasiva, cuando soportó, con sumisión sin murmurar, hambre y sed, frío y desnudez, y al fin sudó grandes gotas de sangre en Getsemaní, dio su espalda a los heridores y sus mejillas a los que le mesaban el cabello, y fue clavado al madero cruel, para padecer la ira de Dios en nuestro favor. Estas dos cosas son suaves delante del Altísimo; y por causa de su hacer y de su morir, de sus padecimientos sustitutivos y de su obediencia vicaria, el Señor nuestro Dios nos acepta. ¡Cuánta preciosidad ha de haber en él para vencer nuestra falta de preciosidad! ¡Qué olor de suavidad para quitar nuestro mal olor! ¡Qué poder de limpieza en su sangre para quitar un pecado como el nuestro! ¡Y qué gloria en su justicia, para hacer que criaturas tan inaceptables sean aceptas en el Amado! Fíjate, creyente, en cuán segura e inmutable ha de ser nuestra aceptación, ¡puesto que está en él! Cuídate de no dudar jamás de tu aceptación en Jesús. No puedes ser aceptado sin Cristo; pero, cuando has recibido su mérito, no puedes dejar de ser aceptado. No obstante todas tus dudas, y tus temores, y tus pecados, el ojo benigno de Jehová nunca te mira con ira; aunque ve pecado en ti, en ti mismo, sin embargo, cuando te mira a través de Cristo, no ve pecado alguno. Siempre eres acepto en Cristo; siempre eres bendito y querido para el corazón del Padre. Levanta, pues, un cántico; y, al ver esta tarde subir el incienso humeante del mérito del Salvador delante del trono de zafiro, deja que suba también el incienso de tu alabanza.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde