25 de marzo
Mañana
Lucas 22:48«Judas, ¿con beso entregas al Hijo del hombre?»«importunos los besos del que aborrece.» [N. del T.: la RV1909 vierte «importunos»; Spurgeon expone el «engañosos» de la KJV.] Esté yo en guardia cuando el mundo componga un rostro de amor, porque, si puede, me entregará como a mi Maestro, con un beso. Siempre que un hombre está a punto de apuñalar la religión, suele profesarle una reverencia muy grande. Que me guarde de la hipocresía de rostro untuoso, que es escudera de la herejía y de la incredulidad. Conociendo lo engañoso de la injusticia, sea yo sabio como la serpiente para descubrir y evitar los designios del enemigo. Al mancebo falto de entendimiento lo extravió el beso de la mujer ajena: que mi alma quede, por gracia, tan instruida durante todo este día, que «la mucha suavidad de sus palabras» del mundo no tenga efecto alguno sobre mí. ¡Espíritu Santo, no permitas que yo, pobre y frágil hijo de hombre, sea entregado con un beso!
Pero ¿y si yo fuera culpable del mismo pecado maldito que Judas, aquel hijo de perdición? He sido bautizado en el nombre del Señor Jesús; soy miembro de su Iglesia visible; me siento a la mesa de la comunión: todos estos son otros tantos besos de mis labios. ¿Soy sincero en ellos? Si no, soy un traidor vil. ¿Vivo en el mundo con tanto descuido como los demás, y con todo hago profesión de ser seguidor de Jesús? Entonces tengo que exponer la religión al ridículo, y llevar a los hombres a hablar mal del santo nombre por el cual soy llamado. Ciertamente, si obro con tal inconsecuencia, soy un Judas, y más me valdría no haber nacido. ¿Me atrevo a esperar que estoy limpio en esto? Entonces, oh Señor, mantenme así. Oh Señor, hazme sincero y verdadero. Presérvame de toda senda falsa. Nunca permitas que traicione a mi Salvador. Yo sí te amo, Jesús, y aunque a menudo te entristezco, querría permanecer fiel hasta la muerte. Oh Dios, no permitas que yo sea un profesante que se remonta muy alto, y caiga al fin en el lago de fuego, por haber entregado a mi Maestro con un beso.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana
Tarde
Juan 3:13«el Hijo del hombre»¡Con qué constancia usaba nuestro Maestro el título de «Hijo del hombre»! Si hubiera querido, siempre habría podido hablar de sí mismo como el Hijo de Dios, el Padre eterno, el Admirable, el Consejero, el Príncipe de paz; pero ¡mira el abajamiento de Jesús! Prefiere llamarse el Hijo del hombre. Aprendamos una lección de humildad de nuestro Salvador; no ambicionemos jamás grandes títulos ni grados orgullosos. Hay aquí, sin embargo, un pensamiento mucho más dulce. Jesús amó tanto la humanidad, que se deleitó en honrarla; y como es un alto honor, y en verdad la mayor dignidad de la humanidad, que Jesús sea el Hijo del hombre, suele ostentar este nombre, para colgar, por decirlo así, estrellas reales sobre el pecho de la humanidad, y manifestar el amor de Dios a la simiente de Abraham. Hijo del hombre: cada vez que decía esa palabra, ponía una aureola en torno a la cabeza de los hijos de Adán. Y hay quizá todavía un pensamiento más precioso. Jesucristo se llamó a sí mismo el Hijo del hombre para expresar que es uno con su pueblo y que simpatiza con él. Así nos recuerda que es aquel a quien podemos acercarnos sin temor. Como hombre, podemos llevarle todas nuestras penas y angustias, porque las conoce por experiencia; por cuanto él mismo ha padecido como «Hijo del hombre», puede socorrernos y consolarnos. ¡Salve, bendito Jesús! Por cuanto usas sin cesar el dulce nombre que reconoce que eres hermano y pariente cercano, es para nosotros una prenda querida de tu gracia, de tu humildad, de tu amor.
¡Oh, mira cómo Jesús se confía a nuestro amor de niños, como si con su trato llano quisiera probar nuestro fervor! Su nombre santo, palabra común, en la tierra le gusta oír; no hay majestad en él a la que el amor no pueda acercarse.
Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde