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24 de marzo

Mañana

Hebreos 5:7«fué oído por su reverencial miedo.»

¿Surgió este miedo de la insinuación infernal de que estaba del todo desamparado? Puede haber pruebas más duras que esta, pero ¿no es, de seguro, una de las peores el estar del todo desamparado? «¡Mira! —dijo Satanás—. ¡No tienes amigo en parte alguna! Tu Padre ha cerrado contra ti las entrañas de su compasión. Ni un ángel de sus atrios extenderá la mano para ayudarte. Todo el cielo está enajenado de ti; quedas solo. Mira a los compañeros con quienes tuviste dulce consejo: ¿qué valen? Hijo de María, mira allí a tu hermano Jacobo, mira allí a tu discípulo amado Juan, y a tu osado apóstol Pedro: ¡cómo duermen los cobardes mientras tú estás en tus padecimientos! ¡He aquí! No te queda amigo ni en el cielo ni en la tierra. Todo el infierno está contra ti. He revuelto mi antro infernal. He enviado mis misivas por todas las regiones, convocando a cada príncipe de las tinieblas para que se eche sobre ti esta noche, y no escatimaremos flecha alguna; emplearemos todo nuestro poder infernal para abrumarte: y tú, ¿qué harás, solitario?» Puede que esta fuera la tentación; creemos que lo fue, porque la aparición de un ángel que vino a fortalecerlo le quitó aquel miedo. «fué oído por su reverencial miedo»; ya no estaba solo, sino que el cielo estaba con él. Puede ser que esta sea la razón de que acudiera tres veces a sus discípulos, como lo expresa Hart:

Atrás y adelante tres veces corrió, como si buscara alguna ayuda del hombre.

Quería ver por sí mismo si era cierto de veras que todos los hombres lo habían desamparado; los halló a todos dormidos; pero quizá sacó algún débil consuelo al pensar que dormían, no por traición, sino por tristeza: el espíritu a la verdad estaba dispuesto, mas la carne era débil. Sea como fuere, «fué oído por su reverencial miedo». Jesús fue oído en su aflicción más honda; alma mía, también tú serás oída.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la mañana

Tarde

Lucas 10:21«En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu»

El Salvador era «varón de dolores», pero toda mente reflexiva ha descubierto que, en lo hondo de su alma más íntima, llevaba un tesoro inagotable de gozo refinado y celestial. De toda la raza humana, nunca hubo hombre que tuviera una paz más profunda, más pura ni más permanente que nuestro Señor Jesucristo. Fue ungido «con óleo de alegría más que á sus compañeros». Su inmensa benevolencia hubo de procurarle, por la naturaleza misma de las cosas, el deleite más hondo posible, porque la benevolencia es gozo. Hubo unas pocas ocasiones señaladas en que este gozo se manifestó. «En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra». Cristo tuvo sus cánticos, aunque para él era de noche; aunque su rostro estaba desfigurado, y su semblante había perdido el lustre de la dicha terrenal, a veces se iluminaba con un esplendor sin igual, de satisfacción incomparable, al pensar en la retribución del galardón, y en medio de la congregación cantaba su alabanza a Dios. En esto, el Señor Jesús es un retrato bendito de su iglesia en la tierra. A esta hora la iglesia espera caminar en simpatía con su Señor por un camino de espinas; por mucha tribulación se abre paso hacia la corona. Llevar la cruz es su oficio, y ser escarnecida y tenida por extraña entre los hijos de su madre es su suerte; y con todo, la iglesia tiene un pozo hondo de gozo, del cual nadie puede beber sino sus propios hijos. Hay depósitos de vino, de aceite y de trigo, escondidos en medio de nuestra Jerusalem, con los cuales los santos de Dios son sustentados y nutridos de continuo; y a veces, como en el caso de nuestro Salvador, tenemos nuestras temporadas de deleite intenso, porque «Del río sus conductos alegrarán la ciudad de Dios». Desterrados como somos, nos gozamos en nuestro Rey; sí, en él nos gozamos sobremanera, mientras en su nombre alzamos nuestras banderas.

Charles H. Spurgeon, Mañana y tarde. Dominio público. Fuente original de la tarde